Para la maestra argentina Elizabeth Jelin, la memoria es un pasado que se hace presente, que va en un trayecto no lineal y por lo tanto, cambiante; en esas dinámicas, el pasado evocado está ligado al campo en disputa. 

 

Por: Hacemos Memoria

“Buscamos el pasado en el presente, pero en función de lo que estamos haciendo hoy y de nuestras inquietudes hacia el futuro. No se trata de una visión lineal del tiempo donde hay un pasado, un presente y un futuro, sino que la noción de memoria significa comprimir eso en un escenario del presente”. Así es la memoria descrita por Elizabeth Jelin, una memoria social, cambiante. 

La socióloga argentina plantea que saber qué se recuerda, para qué y por qué se recuerda un hecho, es la clave para entender las disputas que se tejen alrededor de la memoria que se modifica y transforma a lo largo del tiempo según el contexto social, político y cultural. 

En la sesión de clausura de la novena cohorte del Diploma en Memoria Histórica: Narrativas de la Memoria, conversamos con esta socióloga e investigadora social sobre temas como las disputas por la memoria, el negacionismo, los silencios y los olvidos.  

 

¿Cómo nos relacionamos con el pasado estando en el presente? 

No es una dinámica individual donde cada persona con sus olvidos y silencios hace con su pasado lo que quiere; más bien, es una memoria social, el presente de un pasado en lo político, cultural y social. La pregunta es: quién recuerda, para qué se recuerda, y qué se recuerda. 

No es que exista un pasado, un futuro, una memoria o un recuerdo igual para todas; no hay una memoria única, puede haber en algún momento una memoria dominante en el sentido de imponer un relato del pasado, pero distintos grupos, generaciones o colectivos rescatan del pasado las visiones propias, y esto significa que van a existir conflictos alrededor de esas interpretaciones. 

Si la evocación del pasado se hace en el presente, esto significa que hay modificaciones a lo largo del tiempo. Los presentes tienen historias y lo que recordamos hoy es diferente a lo que pasaba hace 20 años, por eso es importante ver las luces y las sombras en cada momento. 

¿Por qué las evocaciones de la memoria generan escenarios de lucha? 

Las memorias se dan siempre en escenarios de lucha frente a otros que tienen otras interpretaciones del pasado. Ningún acontecimiento del pasado está cerrado o saldado, siempre habrá disputas y visiones contra hegemónicas.

No es verdad que a medida que pasa el tiempo vamos olvidando, tal vez eso se pueda aplicar a la memoria individual, pero no a la memoria social porque las evocaciones del pasado están ligadas a disputas y luchas. La memoria se activa en momentos especiales y se renueva en función de cada uno de esos momentos.  

Hay evocaciones que tienen que ver con memorias muy largas, por ejemplo, la conmemoración de la llegada de la expedición de Colón a las tierra del Caribe; en toda la región hubo debates enormes sobre lo que se estaba conmemorando, parecía que eso hubiera ocurrido apenas cinco años antes, y habían pasado 500 años. Siempre hay una reinterpretación totalmente diferente. 

¿A qué nos referimos cuando hablamos de historicidad de la memoria? 

La historicidad de las memorias se refiere al hecho de que aunque se trate de un mismo pasado, las interpretaciones y sentidos van transformándose por nuevos actores y por el cambio de posturas. Cada presente tiene nuevas luces y nuevos puntos de vista para enfrentar ese pasado. 

La historicidad también se instala en el devenir de los eventos sociales, en el ámbito político, económico y cultural. Podría tomar la experiencia del cono sur. En los años 70 casi todos los países del cono sur estábamos en dictaduras sangrientas, y en los años 80 comenzaron las transiciones; en ese periodo la idea de mirar al pasado era muy reciente y estaba vinculada fundamentalmente a una noción de justicia. Desde allí hubo un impulso para todo lo que tiene que ver con las memorias, con honrar a las víctimas, recuperar sus legados y sus voces. Hubo una proliferación de iniciativas de memoria, recuperación de archivos y lugares que pudieran hacer referencia a ese pasado. 

¿Qué es el negacionismo? 

El negacionismo es un rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable. Es una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona contra la realidad y la verdad; no se trata de una operación dentro de los cánones de lo que es una investigación histórica, sino que se trata de una posición ideológica que se basa en rechazar una realidad verificada. 

En el cono sur se habló mucho de que lo que hubo fue una guerra. En ese caso, no se trató de decir que los hechos no sucedieron, se trató de demostrar o interpretar esos acontecimientos en clave de que no hay víctimas o victimarios sino dos contendientes que lucharon. Otro de los mecanismos utilizados en el negacionismo es justificar el hecho, ligarlo al discurso militar, al discurso salvador, un discurso que justifica la violencia, incluso, reconociendo o justificando los excesos. Otra manera es relativizar o trivializar lo ocurrido diciendo que es una exageración. 

Hay actores que, si tienen poder, logran forzar los silencios públicos con discursos dominantes en la prensa o textos escolares, una censura. 

¿Qué hacer con los silencios de la memoria?

Las memorias tienen tres partes: evocaciones o rememoraciones, silencios, y olvidos. El olvido no es voluntario, lo que sí es voluntario es el silencio. Lo que se llama olvido histórico en realidad es silencio histórico porque se sabe que existe, pero se niega, se oculta o se invisibiliza. 

Hay silencios intencionales y otros que no lo son. La memoria es selectiva y los testimonios están llenos de silencios. Hay silencios para no dañar al otro, si lo que tengo para contar es tan doloroso entonces no lo cuento para no hacer sufrir; hay silencios por miedo, esto debe ser muy común en Colombia, me callo porque si hablo me puede pasar algo, desde la violencia doméstica en adelante. 

Para salir del silencio, romper los silencios, es necesaria la escucha, se necesita que haya alguien del otro lado que esté dispuesto a escuchar, y si no lo hay entonces mejor no hablar porque las palabras van a caer al vacío. Esto se puede llevar a cuestiones macro como las mujeres que fueron víctimas de violencia sexual y tardaron tantos años en hablar porque no se les escuchó, no había un marco interpretativo para la idea de violación como un crimen específico. 

Debemos prestar mucha atención a los silencios, no todos son negacionismos, todo lo contrario, una va a encontrar muchos más silencios de parte de quienes fueron víctimas o testigos por no tener escucha, por cuidar a los otros, por no contar experiencias dolorosas; se van a encontrar más motivos de silencio que los silencios oficiales. Hay otros silencios que vale la pena escuchar. 

¿Qué hacer con los lugares de memoria? ¿Se deberían recuperar? 

En general los memoriales, los sitios de memoria y la recuperación de ellos fueron iniciativas de sobrevivientes, y una de las intenciones básicas fue honrar a las víctimas, darles un espacio. Además, tenía una cuestión de duración para que se lograra transmitir esa memoria y que las generaciones siguientes tuvieran un legado. 

Está demostrado que no existe transmisión. El grupo que instaló el memorial tiene una versión, un libreto que viene ligado a ese memorial. Quienes no vivieron eso, quienes no estuvieron en la instalación del memorial, no van a continuar con la misma narrativa ni con el mismo sentido. En el fondo eso es totalitario porque es como decir: “te voy a decir qué tienes que pensar y sentir”. Lo que nosotros damos son vehículos de memoria, estímulos para que nuevas generaciones, con su propia racionalidad histórica, su propia subjetividad se apropien o no. 

Si queremos construir una democracia con ciudadanos reflexivos, no les podemos meter en la cabeza lo que tienen que sentir. Transmitimos experiencias, instrumentos y la ilusión de que estas nuevas generaciones deseen la memoria. No se trata de un deber de memoria, sino de cómo generar un deseo de saber qué pasó. Siempre desde el deseo y no desde el deber. 

¿Cuál debería ser nuestra responsabilidad con el pasado y la memoria? 

Una responsabilidad ética, por la búsqueda de la información más fidedigna posible y de las interpretaciones más adecuadas del pasado histórico. Nuestra responsabilidad es denunciar cuando hay militantes del olvido, traficantes de documentos, asesinos de la memoria, revisores de enciclopedias y conspiradores del silencio. 

No hay preceptos éticos para acercarnos al pasado. Como académicos nuestra responsabilidad es hacer visible lo invisible, desmentir tergiversaciones de hechos. Las interpretaciones son subjetivas, las hacen los actores y actrices en los escenarios de sus luchas; nosotras como investigadoras damos un paso de distancia y podemos analizar y reflexionar, eso es lo que podemos hacer.