Capítulo 4: Una ciudad herida: daños, pérdidas y transformaciones

El historiador Pablo Bedoya Molina es el relator principal del capítulo “Una ciudad herida: daños, pérdidas y transformaciones”. Este apartado recoge los principales impactos ocasionados por las violencias en la ciudad entre 1980 y 2014.

Por Ana Marcela Pinzón
Fotografía: cortesía Corporación Región

Bedoya narra, en palabras de las víctimas, cómo la ciudad se vio amordazada por el miedo; además, muestra la manera como creció la desconfianza entre los vecinos y cómo la ira, el dolor y la venganza separaron a los hermanos. Es un testimonio que da cuenta de una ciudad que aún llora a sus muertos.

En esta entrevista, Bedoya Molina habló sobre los cambios que le confrontación armada impuso a la vida cotidiana de los habitantes de Medellín.

¿Por qué es importante hablar de las huellas de la violencia en Medellín?
Todo lo que ocurre en las sociedades deja huellas, algunas de esas huellas son muy visibles, como cuando pasas por un pantano y dejas la marca de tu zapato; pero hay otras huellas que son más imperceptibles, que quedan marcadas en la subjetividad de las personas, en sus memorias, en la experiencia de vida. Entonces, para construir el capítulo de impacto, se partió del pensamiento de que las violencias asociadas al conflicto armado y las dinámicas que se han configurado en torno a esas violencias, han producido unas huellas en la ciudad que podemos conocer a través de la población.

¿Cuáles son las huellas que ha dejado la violencia de los años 80 y 90 en Medellín?
Los impactos que ha tenido el conflicto armado en la ciudad y en el país son de muchos tipos. Para Medellín proponemos tres niveles que permiten pensar esos impactos: hay pérdidas, hay daños y hay transformaciones.

Las pérdidas son aquellas cosas que no volverán y donde resalta principalmente la vida de todas las personas que fueron asesinadas, esas vidas que algunos narraban como esa “generación perdida”; ellos son la expresión más grande de esa pérdida en la ciudad. Perdimos, pues, capital simbólico, capitales políticos y capitales culturales, en cada una de esas vidas.

El tejido social se rompió en algunos territorios, la participación política se ha visto coartada, los procesos de participación electoral no se han hecho con todas las garantías plenas y todavía todos esos daños que el libro plantea, los seguimos habitando.

Finalmente, se han producido transformaciones en la ciudad, pero no necesariamente por la violencia, sino que otros factores que exceden las relaciones del conflicto tienen un papel ahí. Por ejemplo, en medio del conflicto se recrudeció la imagen del sicario en los jóvenes como “modelo a seguir”, o de la chica que tiene que ser un objeto sexual como el arquetipo perfecto para las mujeres.

Conozca aquí el Capítulo 4: Una ciudad herida: daños, pérdidas y transformaciones

Colores-3