Por Juan Camilo Castañeda

Colombia experimenta un proceso de asistencia y reparación a las víctimas del conflicto armado sin precedentes. Sin embargo, teniendo en cuenta que la violencia política ha marcado la historia del país, se desconoce que la atención a la población afectada por la violencia tuvo sus raíces en el gobierno del dictador Gustavo Rojas Pinillas, quien otorgó amnistías a los guerrilleros que dejaron las armas en diferentes regiones del país. Guerrilleros que, según las investigaciones hechas por la abogada y magíster en Historia Catalina Puerta Henao, fueron tratados como damnificados por la violencia.

Catalina Puerta Henao ha ejercido su profesión en instituciones como el Programa de Atención a Victimas del Conflicto Armado y la Unidad Municipal de Atención y Reparación Integral a las Víctimas de la Alcaldía de Medellín. Igualmente, hizo parte del equipo que desarrolló las experiencias museográficas de la Sala Central del Museo Casa de la Memoria, y se desempeñó como Profesional Especializada de la Sala de Conocimiento de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín. Además, es docente de cátedra en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia.

Actualmente, Catalina realiza un doctorado en historia en la Universidad Nacional de Colombia. En su tesis, se pregunta por la historia del concepto de víctima en el país, un tema que, a pesar de la abundante producción académica sobre la violencia y el conflicto armado colombiano, no ha sido investigado.

Con esta entrevista, Hacemos Memoria inicia una serie de publicaciones que aportan a la discusión y el análisis de los seis puntos que se han acordado en la mesa de negociaciones de La Habana. En este caso, Catalina Puerta da su opinión sobre el acuerdo de víctimas que firmaron el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc el pasado el 15 de diciembre de 2015, y explica cómo se ha atendido a esta población en las diferentes etapas del conflicto armado.

¿Las víctimas siempre han sido consideradas como víctimas? ¿Cómo se les ha denominado a lo largo de la historia?
En la década de 1950, en el discurso general, no se empleaba la noción de víctima. Pero en el común denominador de los campesinos, incluso, de las elites políticas, los partidos y la gente de a pie se percibía la violencia de forma descarnada; los colombianos sentían que estaban al frente de una tragedia. En ese entonces, las víctimas eran nombradas y tratadas como damnificadas por la violencia, y los desplazados eran llamados exiliados por la violencia. Hoy en día se entiende, por el contexto internacional, que los exiliados son los que están fuera de las fronteras, especialmente por motivos políticos.

¿Cuándo aparece el concepto de víctima tal y como se conoce hoy?
Poco antes de la Constituyente de 1991 existían normas que otorgaban garantías a las víctimas. Por ejemplo, se empezaron a decretar algunas medidas, muy incipientes, desde luego, a favor de las víctimas de la Unión Patriótica, pero ya se les llamaba víctimas. Esa noción de víctima avanzó mucho con la potencia que adquirieron los discursos sobre los Derechos Humanos.

¿Cuándo llegamos a depurar la noción en términos legales? Primero, es necesario entender que la noción de víctima es una cuestión de hecho: yo no soy víctima o lo dejo de ser porque la ley o un comité me diga que lo soy. Entre 1996 y 1998 se expidieron normas que procuraban el mantenimiento del orden público y que brindaban condiciones de restablecimiento a quienes ya eran víctimas del conflicto armado. Desde aquel entonces, estas normas, como la Ley 418 de 1997, se fueron delimitando gradualmente hasta llegar a la Ley 1448 de 2011 o Ley de Víctimas.

¿En qué momento se da un tratamiento especial a las víctimas de la violencia en Colombia?
El primer proceso en Colombia que tuvo en cuenta a las personas afectados por la violencia política está relacionado con las amnistías de la década de 1950. Sostengo la tesis de que fueron fórmulas transicionales aplicadas a partir de 1954 en el mandato de Rojas Pinilla, quien fue el primer presidente en implementar un tratamiento especial o terapéutica de la violencia, tanto a los desmovilizados como a las personas que resultaron damnificadas por la violencia de ese entonces.

¿Las víctimas están en el centro del proceso de negociación que se desarrolla en La Habana?
Sí, es un hito en la historia de Colombia. En el mundo se ha empezado a valorar el proceso por las consultas y la interlocución directa con las víctimas. El acuerdo de víctimas, por ejemplo, se plantea como un sistema integral de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Este mecanismo es muy importante porque escucha y atiende las exigencias de las víctimas. También habrá una unidad especial dedicada a la búsqueda de los desaparecidos, una de las luchas más complejas que han librado las víctimas del conflicto armado colombiano.

Es importante resaltar que en los diferentes foros y actividades de consulta, previos al acuerdo, participaron víctimas de la guerrilla, del ejército y del paramilitarismo. Inicialmente, hubo una queja: ¿por qué están todas estas personas si solo se debe escuchar la voz de las víctimas de la guerrilla? Y esta es la razón: las medidas de alternatividad penal se aplicarán a todos los que participaron directamente en el conflicto, tanto a las fuerzas armadas ilegales como a las legales.

¿Las víctimas siempre han estado en el centro de estas cuestiones?
No. Lo que estamos evidenciando es una ocasión histórica y única. En la década de 1950 había protestas que no necesariamente estaban relacionadas con los derechos de las víctimas, porque la noción en sí misma no estaba presente, pero sí con unas reivindicaciones que persisten hasta el día de hoy; por ejemplo, los colombianos siguen reclamando una reforma agraria equitativa.

La lucha por los Derechos Humanos le dio un impulso definitivo a la reivindicación de los derechos de las víctimas como los conocemos hoy en día. Esas luchas comenzaron a finales de la década de 1970 y se fortalecieron entre 1980 y 1990, cuando aparecieron organizaciones como Asfaddes que interpelaron directamente al Estado y lo responsabilizaron por la violación de los Derechos Humanos, especialmente en el marco del Estatuto de Seguridad.

Otro elemento importante es la multiplicidad de reivindicaciones en torno a los derechos, esto permite que la gente salga a la calle y se manifieste de diferentes formas. Por ejemplo, los movimientos LGBTI reclaman sus derechos en el marco del conflicto armado, las mujeres también lo hacen, así como múltiples gremios y movimientos sociales; por su parte, niños y jóvenes tienen procesos de memoria y reclaman vivir en territorios en paz. Estamos, entonces, en un entorno de movilización muy interesante que no ha tenido precedentes.

¿Qué dice el acuerdo sobre las víctimas del conflicto armado? Descargue el documento completo y una cartilla gráfica que reúne cifras y claves que permiten comprender los alcances de este acuerdo.

 

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