Daneris, Liliana, Yasmid y Gloria se graduaron de Memorias de la Ausencia como documentadoras de casos de desaparición, para acompañar a las familias de las víctimas en el Oriente antioqueño.
Por Carla Serna Ovallos
Fotos: Corporación Región
En el contexto del conflicto armado colombiano, las mujeres generalmente han liderado espacios para la construcción de paz en las comunidades. El Oriente antioqueño no ha sido ajeno a esto; ha contado con diversas mujeres atravesadas por el conflicto que han dedicado su vida al liderazgo en sus comunidades. Ese recorrido y experiencia les permitió trabajar en los procesos de búsqueda de desaparecidos en la región desde la documentación y el acompañamiento a familias víctimas de este crimen.
Durante el 2025 la Corporación Región desarrolló el diplomado en “Acompañamiento integral a personas buscadoras desde el Modelo de Acción Forense Sin Daño – MAFSD” en el marco del proyecto Memorias de la ausencia. Con este proceso se buscó capacitar en autonomía a líderes, hombres y mujeres, del Oriente antioqueño, quienes han trabajado por la memoria del conflicto y la reparación a las víctimas en sus territorios. Del diplomado se graduaron 14 documentadores y documentadoras.
Como parte de su formación, ellas y ellos hicieron el acompañamiento psicosocial a 18 personas buscadoras, y consolidaron y entregaron 22 casos de personas desaparecidas del Oriente antioqueño a la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD).
El diplomado, que contó con la certificación de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquia, les ofreció a sus participantes diferentes herramientas para la labor de la búsqueda y el acompañamiento integral a las víctimas.
La vida de cada persona documentadora es un reflejo de las luchas constantes que nacen en los territorios para enfrentar las consecuencias de la guerra y cómo esta termina permeando la vida de las comunidades. Las documentadoras Daneris Osorio Orozco, Liliana María Hurtado Arango, María Yasmid González Montoya y Gloria Elsy Quintero Giraldo, habitantes del Oriente antioqueño, relatan en esta publicación cómo sus trayectorias de vida confluyeron en la solidaridad que implica buscar a los desaparecidos.
Daneris Osorio Orozco
Desde que era niña, Daneris Osorio Orozco vio a sus abuelos liderar proyectos y defender sus territorios en zonas rurales. Ella nació y creció en Nariño, Antioquia, el municipio que atesora con el alma. Su madre la impulsó a que conociera, ayudara y se involucrara en cuanto evento hacían en el colegio donde estudió, por lo que desde muy joven ha participado en espacios públicos que le han permitido aportar a la construcción y el mejoramiento de su municipio, incluso en los tiempos más difíciles del conflicto armado.

Cuando tenía 16 años se vinculó a la junta de acción comunal de su barrio Villanueva, en donde ella sentía que podía aportarle a su comunidad con acciones sociales. A los 18 años, Daneris se convirtió en la secretaria de la junta, y desde ahí empezó a gestionar proyectos sociales, entre esos el acueducto del barrio. Por veinte años hizo parte de la junta, en varios roles.
La guerra que se sentía en Nariño creó inquietudes en Daneris, más cuando esa violencia tocó las puertas de su casa. Su familia sufrió desplazamiento, extorsión, secuestro, asesinatos y otros hechos victimizantes que se volvieron paisaje en su municipio. Allí, en el suroriente de Antioquia, los guerrilleros de los frentes 9 y 47 de las FARC se tomaron el pueblo por más de 36 horas, el 30 de julio de 1999, y dinamitaron buena parte del casco urbano.
Por las consecuencias de esta violencia, Daneris abandonó los estudios de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental que cursaba en Sonsón desde el año 2000. En tal decisión influyó directamente la quiebra de la tienda de su papá, debida a las extorsiones y amenazas que recibía de parte de la guerrilla. Poco después de estos reveses, ella y su familia se desplazaron de Nariño a Barranquilla, en el Atlántico.
Cuando pudo volver, estudió una técnica profesional en Gestión de Recursos Naturales, y mucho tiempo después, una técnica en Políticas Públicas y Derechos de las de Mujeres. Con el pasar de los años, Daneris nunca dejó de lado el liderazgo en su región y buscó siempre aportar a su comunidad desde donde su vida no corriera peligro.
Hoy en día hace parte de la Asociación de Víctimas Soñando por Nuestro Pueblo, de Nariño, y también pertenece al Movimiento Social por la Vida y la Defensa del Territorio (Movete), que tiene trabajo organizativo en el Oriente antioqueño.
Además, como líder ha podido capacitar y brindar acompañamiento a víctimas y organizaciones de su municipio por medio de la vinculación a organismos como Conciudadanía, Corporación Región, Asociación Regional de Mujeres del Oriente Antioqueño (AMOR) y Vamos Mujer, entre otras.
Fue así como Daneris conoció el proyecto Memorias de la Ausencia de la Corporación Región. Aquí ayudó en la elaboración de mapeos de sitios de interés forense para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en el Oriente antioqueño. También fue la conexión de Nariño con la corporación cuando el proyecto se implementó allá.
A partir de esta colaboración, Daneris Osorio fue invitada a participar en el diplomado en “Acompañamiento integral a personas buscadoras desde el MAFSD”. Allí, al trabajar y documentar de cerca casos de desapariciones de Nariño, ella se convirtió en apoyo de las personas buscadoras para encontrar a sus familiares.
Por este trabajo, su interés por la desaparición ha crecido, lo que la llevó a hablar al respecto en la Mesa Municipal de Víctimas y en el Comité de Justicia Transicional, de los que hace parte, para que se incluya como violación de derechos humanos en los hechos victimizantes que han afectado al municipio.
Daneris ahora planea dar un paso más en su vida política: quiere ser concejala de Nariño. Desde esa instancia desea aportar para que existan políticas públicas para las víctimas de la desaparición forzada y promover espacios de participación política para las mujeres. Además, espera crecimiento y estabilidad en su naciente emprendimiento donde vende los productos que fabrica: yogures, velas aromáticas, jabones para el cuidado de la piel y para lavar platos.
Daneris Osorio Orozco se considera una mujer valiente, resiliente, inteligente, que disfruta servir y ayudar a los demás, y en sus 45 años de vida le ha apasionado liderar, aun con los altibajos que implica esta labor.
Liliana Hurtado Arango
Estudiar antropología nunca se le pasó por la mente a Liliana María Hurtado Arango cuando era adolescente y le preguntaban por su futuro. Ella, una amante del baloncesto, solo se veía dedicándose a eso: a jugar. Pero las vueltas de la vida la llevaron a apasionarse por el estudio del ser humano en todas sus dimensiones.

Después de cursar algunos semestres de Ingeniería Ambiental en la Universidad de Medellín y de Licenciatura de Ciencias Naturales en la Universidad de Antioquia, Liliana se enamoró de la Antropología, carrera que terminó estudiando de tiempo completo.
En las aulas y por la guía de sus profesores, se interesó en el aspecto forense, en parte por el boom que tuvo la criminología en Medellín a mediados de los dos mil. En ese entonces, Liliana se desempeñó como docente en colegios que implementaron enfoques de criminología en su media técnica, el estudio complementario del bachillerato académico.
Luego, se fue a vivir a Francia, donde residía su hermano, para aprender un nuevo idioma. Regresó a Colombia dos años después y consiguió un trabajo como antropóloga en un proyecto naciente a nivel nacional: el Programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a Víctimas (PAPSIVI), que surgió con la Ley 1448 de 2011. Allí trabajó en dos ocasiones, una en el 2013 y otra en el 2020.
La primera vez tuvo que desplazarse al Urabá antioqueño; vivió dos años en Apartadó, donde trabajó con víctimas del conflicto armado.
Allí percibió que ejercer como antropóloga desde la institucionalidad conllevaba el riesgo de reducir a las víctimas a ser solo cifras, y se sentía contrariada frente a las competencias y emociones que debía manejar. Ese choque interno hizo que se distanciara del trabajo con víctimas.
Al volver a Medellín, Liliana se dio cuenta de que la vida en la ciudad, siempre tan ajetreada, ya no la hacía sentir bien. La comodidad y tranquilidad que le brindó la vida en Urabá, lugar que añora, hicieron que se mudara a Guarne, donde su familia tenía una finca en la vereda El Colorado.
La segunda vez que Liliana trabajó con el PAPSIVI, en plena pandemia por el covid-19, fue en San Carlos. Ahí se acercó más al Oriente antioqueño y a las complejidades originadas en el conflicto. Gracias a esta experiencia, Liliana trabajó luego con la Unidad de Restitución de Tierras en la gestión social de proyectos que se implementaron en los municipios de San Luis y San Carlos.
Con esta trayectoria, Liliana Hurtado consiguió un lugar en el diplomado en “Acompañamiento integral desde el MAFSD”. Ella fue una de las egresadas de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas que participaron en el espacio académico de Memorias de la Ausencia.
Aquí Liliana pudo reconocer que ya contaba con herramientas claves para la búsqueda de desaparecidos: la información técnica de la antropología forense que había abordado desde los estudios universitarios.
Su enfoque central ahora está en el fenómeno de la desaparición en Guarne, territorio que habita y del que se ha cuestionado especialmente a partir del diplomado.
Como documentadora, Liliana espera visibilizar y abordar las desapariciones de las que no se hablan dentro de Guarne. Para ello, proyecta una vinculación al Comité de Impulso a la Búsqueda del Oriente Antioqueño para aportar con su trabajo y conocimientos. Además, espera conseguir una articulación más fuerte de Guarne con las organizaciones sociales del Oriente antioqueño.
A sus 48 años, Liliana Hurtado Arango considera que es una mujer que quiere seguir aprendiendo y reaprendiendo de la vida social, académica y política, y que ese constante aprendizaje debe ser una constante en la vida de todos y todas.
Yasmid González Montoya
El interés por las causas sociales, la búsqueda de la igualdad y dignificación de las mujeres ha permeado la vida de María Yasmid González Montoya, quien desde muy joven se interesó por el comportamiento humano, sus relaciones y las normas que permiten ese relacionamiento. Por ello decidió estudiar Trabajo Social, una profesión que sentía que encajaba en su proyecto de vida.

Aunque Yasmid nació en Medellín, pasó su infancia y parte de su adolescencia en La Dorada, Caldas, adonde su familia se mudó cuando ella era muy pequeña. En los últimos años de su bachillerato, se trasladaron a Rionegro, Antioquia, y después de un par de años, toda la familia se mudó de nuevo, esta vez a Marinilla, también en el Oriente, donde se establecieron definitivamente. Es en este municipio, que Yasmid aprecia mucho, donde ella inició su vida como lideresa.
Después de obtener su título como trabajadora social, Yasmid entró a trabajar en la Comisaría de Familia de Marinilla. Allí conoció situaciones de violencia hacia la mujer que revolcaron sus sentires y la hicieron cuestionarse sobre los roles de las mujeres en la sociedad.
Ya desde que era una niña, Yasmid se los cuestionaba. Su madre fue muy estricta con los roles de género e imponía que el cuidado del hogar y de la familia debía estar a cargo de las mujeres. La molestia que le generaba la desigualdad de deberes frente a sus hermanos hombres la convirtió en la rebelde de la familia. Supo entonces que no quería replicar esos comportamientos desiguales en su vida.
No es de extrañar que Yasmid en su recorrido universitario y profesional haya indagado y fomentado la equidad de género en su territorio. Así se vinculó a la Asociación Municipal de Mujeres del Municipio de Marinilla (Asomma) después de recibir una invitación en el 2003 para participar en el proyecto “De la casa a la plaza”, con el que se buscaba hablar sobre las violencias que vivían las mujeres en sus hogares, en la sociedad, y sobre cómo enfrentar esas situaciones.
A partir de este proyecto, Yasmid participó en más iniciativas de Asomma, convirtiéndose en una líderesa activa de su municipio. Y ese trabajo a su vez la vinculó a otros temas importantes de la región, como el conflicto armado y sus víctimas. Yasmid se vinculó a la Asociación Regional de Mujeres del Oriente Antioqueño (AMOR), de la cual Asomma hacía parte.
Yasmid ya había conocido de cerca el conflicto. Cuando de niña vivió en La Dorada, la violencia paramilitar y del narcotráfico hacía parte de la cotidianidad; cuando trabajó en el equipo de la Dirección de Derechos Humanos de la Gobernación de Antioquia, supo de los horrores de la guerra al documentar y visitar algunos municipios del Oriente del departamento.
Con esta cercanía a la violencia y con los proyectos que se trabajaban desde AMOR, Yasmid empezó a indagar, a movilizarse frente al conflicto armado en la subregión, sin dejar de lado los cuestionamientos de género. Así, ha trabajado en proyectos de justicia restaurativa y de búsqueda de desaparecidos.
En sus más de veinte años de activismo en Asomma, Yasmid ha hecho parte de la junta de AMOR tres veces; en el periodo actual es presidenta y representante legal de la asociación. Este nuevo rol lo asume con expectativas y nerviosismo, pero siente tranquilidad al tener el apoyo de sus compañeras para enfrentar estas responsabilidades.
A sus 54 años, María Yasmid González Montoya reflexiona y agradece sobre las oportunidades de aprendizaje que le ha brindado AMOR, un espacio que le ha permitido repensarse a sí misma y comprender las complejidades sociales que atraviesa su territorio. Ella se asume como una mujer que aporta a la construcción de ciudadanía, de territorio, y que trabaja por mejorar sus entornos sociales, profesionales y familiares.
Gloria Quintero Giraldo
Ser líderesa comunitaria es algo que atraviesa las venas, afirma Gloria Elsy Quintero Giraldo, una mujer de 54 años que toda su vida ha desempeñado ese rol. Ella nació, creció y formó su hogar en Granada, Antioquia.

Desde muy joven tuvo que lidiar con los impactos del conflicto armado, pues Granada fue uno de los municipios más afectados por la acción de los grupos armados ilegales a partir de los años noventa. Por esto, Gloria pasó por miedos constantes por los ataques que traía la guerra; sufrió dos desplazamientos y la desaparición de su hermano Rubén.
Estos hechos victimizantes hicieron que Gloria se movilizara para que las cosas en su municipio cambiaran. El primer asomo de liderazgo surgió cuando ella entró a ser madre comunitaria en 1997 y comenzó a tener una participación activa en las juntas de los hogares comunitarios del ICBF.
Gloria se vinculó a la organización de víctimas y allí conoció a Margarita Morales, quien hizo parte del proyecto Provisame en Granada, enfocado en promover la vida, la salud mental y acompañar a las víctimas del conflicto armado. Gracias a esa conexión, Gloria fue invitada a participar a una de las reuniones que se realizaron en el proyecto, y allí pudo reconocer que no era la única persona buscadora, que había muchas más.
La experiencia allí sembró en Gloria el deseo de cambiar su territorio para traer algo de tranquilidad a las buscadoras, y con ello inició su trabajo con víctimas del conflicto armado al formar parte de la Asociación de Víctimas Unidas de Granada (Asovida) en el 2007.
Desde ahí ella ha liderado y contribuido a diversas iniciativas de la construcción de memoria y paz, como el Salón del Nunca Más en Granada, un espacio de memoria de las víctimas del conflicto armado que busca dignificarlas.
En el 2020, Gloria empezó a enfocar todo su liderazgo y su trabajo en el fenómeno de la desaparición, esto en parte gracias al proyecto Memorias de la Ausencia que desarrolló la Corporación Región en Granada, donde acompañaron a familias de desaparecidos. Este proyecto se desarrolló durante la pandemia del covid-19 y Gloria fue el enlace entre las personas buscadoras de su municipio y la Corporación Región.
Memorias de la Ausencia visibilizó las desapariciones del conflicto armado en Granada. A partir de entonces, Gloria comenzó a brindarles acompañamientos a personas buscadoras, aunque ella identificó años después esa labor que realizaba, al participar en el diplomado de “Acompañamiento integral desde el MASDF”. Este proceso también le permitió vincularse con el trabajo que ha venido realizando la Unidad de Búsqueda.
A lo largo de sus años como lideresa, Gloria ha tenido múltiples aprendizajes que han formado a la mujer que es hoy. Entre esos, saber nombrar lo que sucedió, buscar a quienes no están, identificar que toda vida vale, que el dolor de un desaparecido no se paga con dinero, que las búsquedas no son solitarias, y muchos más.
Actualmente, Gloria Quintero Giraldo tiene proyectado continuar su trabajo con la búsqueda de los que siguen faltando, como su hermano Rubén. También vienen procesos de capacitación y sensibilización sobre las desapariciones en su municipio, de los que estará a cargo.
