¿Qué significado tiene hoy el 9 de abril, que se conmemora como el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado? A quince años de promulgación, y a diez de la firma del Acuerdo de Paz, expertos, víctimas y defensores de derechos humanos reflexionan al respecto.
Por Carla Serna Ovallos
Foto de portada: UBPD (cementerio de San Carlos, abril de 2026)
El Día de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado en Colombia se conmemora cada 9 de abril, fecha que recuerda el asesinato del político liberal Jorge Eliecer Gaitán en 1948, hecho del Bogotazo que está en los orígenes de la violencia política en el país. Este día se ha convertido, a lo largo de los años, en un punto de encuentro entre la historia y la memoria, en el que se reflexiona sobre su significado e importancia social en relación con las víctimas de la posterior guerra nacional.
La fecha fue establecida como conmemoración hace quince años, mediante la Ley 1448 de 2011, que busca reconocer y dignificar a las víctimas del conflicto armado en Colombia, las cuales no habían sido reconocidas como tales por el Estado hasta ese entonces.
El académico y doctor en Estudios de Justicia, Gabriel Ignacio Gómez Sánchez, comenta que dentro del conflicto armado antes del 2011 “no se hablaba mucho de víctimas” en la institucionalidad. Es después de la Ley 975 de 2005, conocida como Ley Justicia y Paz, cuando surgieron cuestionamientos sobre la falta de reconocimiento de las víctimas que iba dejando el conflicto armado interno.
“En la época de las negociaciones de paz —con los paramilitares—, la búsqueda de la paz no incorporaba mucho la reflexión sobre las víctimas. Hacia el 2000, y ya del 2005 en adelante, comienza a acuñarse todo un lenguaje por los derechos de las víctimas, la verdad, la justicia, la reparación, las garantías de no repetición y hay a su vez como una especie de movilización política y un ascenso en la conciencia de los derechos de las víctimas”, contextualiza Gómez Sánchez, quien es abogado y docente en la Universidad de Antioquia.
Sandra Patricia Arenas Grisales, bibliotecóloga y doctora en Memoria Social, complementa que el Estado “por mucho tiempo no reconoció a las víctimas; las trataba como damnificados o como parte del conflicto, o como vinculadas a grupos de uno u otro lado, pero no como víctimas”.
Por ello, la Ley 1448, también llamada Ley de Víctimas, se convirtió en un hito histórico para las víctimas del conflicto armado, por su reconocimiento ante las instituciones estatales y ante la misma sociedad. Como parte ello, esta ley dictamina que el 9 de abril de cada año deben realizarse eventos promovidos por el Estado en memoria de las víctimas, como parte del deber de memoria del Estado.
Este aspecto lo resalta Luz Amparo Mejía Moreno, representante legal y líder de Madres de la Candelaria – Línea Fundadora, quien considera que “este día significa muchísimo, porque se pone en la agenda pública que el 9 de abril, la alcaldía, la gobernación y la nación deben hacer actos que conmemoren y dignifiquen la memoria de nuestras víctimas del conflicto armado”.
En Medellín, las víctimas de organizaciones y colectivos fueron invitadas a la sesión plenaria del Concejo Municipal, como parte del homenaje oficial en el marco de la fecha, y se realizó también un acto conmemorativo en el Museo Casa de la Memoria. A nivel nacional, la Unidad para las Víctimas convocó a la ciudadanía a manifestarse en las plazas de las ciudades principales, como muestra de la solidaridad hacia sus luchas y demandas.
Luz Elena Galeano Laverde, integrante de la Asociación Mujeres Caminando por la Verdad, y quien busca a su esposo desaparecido en la Comuna 13 de Medellín, resalta la importancia de la Ley 1448, ya que también en ella se pronuncian “una serie de medidas que buscan restablecer la dignidad de las víctimas y difundir la verdad sobre lo sucedido en el marco del conflicto armado”.
A lo largo de sus quince años de promulgación, este día nacional ha ido adquiriendo un valor central para las víctimas, pues no solo convoca al recuerdo y la dignificación de todas las víctimas, sino también en el día en que la sociedad puede prestarles más atención para comprender y acompañar su exigencia de derechos por la verdad, la justicia, la reparación, la memoria y la no repetición.
«Esperamos que todo mundo se solidarice con nosotros, porque igual las víctimas somos las que hemos hecho siempre resistencia, memoria, trayectoria, visibilidad y todo eso; es muy importante que hoy se haga memoria, se manifieste, eso es dignificación para las víctimas: saber que no nos han echado al olvido”, afirma con vehemencia Margarita Restrepo, también miembro de Mujeres Caminando por la Verdad y buscadora de su hija desaparecida en la Comuna 13.
Aunque este significado que adquiere el 9 de abril es clave para entender y construir memoria, al pasar los años se ha ido haciendo de lado otro suceso relevante que se conmemora ese día: el asesinato de Gaitán y lo que desencadenó a mediados del siglo XX.
“Por mucho tiempo se conmemoró como una fecha de quiebre entre una violencia que se venía dando, muy derivada de las guerras civiles, de esa violencia entre los partidos que era permanente, una violencia asociada a las luchas por la tierra, contra el campesinado, contra las demandas por mejoras sociales y por mejoras de derechos sociales; entonces ya cada vez menos recordamos esos hechos, y se va volviendo una cosa mucho más abstracta de las víctimas, pero sin complejizarlo en términos de las responsabilidades”, explica la profesora Arenas, quien es integrante del comité académico de Hacemos Memoria.
Las víctimas y la paz
A los diez años de la firma del Acuerdo de Paz en Colombia, cabe reflexionar sobre las implicaciones que ha tenido la conmemoración del 9 de abril en el cumplimiento de los acuerdos, ya que precisamente en ellos se buscó la finalización del conflicto armado y la consolidación de una paz en que las víctimas del conflicto son actores centrales.
Para la profesora Arenas, “la firma de los acuerdos fue muy importante en el camino de reconocer el daño causado a las víctimas, y ha sido especialmente importante para nosotros como sociedad, porque nos llama a que comprendamos mejor qué fue lo que nos pasó y por qué nos pasó”. Asimismo, en vínculo con los acuerdos, resalta cómo la conmemoración del 9 de abril hoy “nos reitera la importancia y el valor de lo que se logró con los acuerdos de paz, que tienen cosas por mejorar, como cualquier proceso social”.
Para Adriana Arboleda Betancur, abogada y defensora de derechos humanos, que hace parte de la Corporación Jurídica Libertad, al contraponer las luchas de las víctimas que se enaltecen cada 9 de abril, con los diez años de la firma del Acuerdo de Paz, es importante revisar el impacto del punto 5 del acuerdo, el ‘Sistema Integral de Verdad, Justicia y Reparación’, ya que es necesario “ver cómo se han garantizado los derechos de las víctimas, los enfoques diferenciales, cómo ha sido la construcción de memoria”.
“Creo que es un buen momento para hacer un balance y sobre todo para determinar cuál ha sido la participación de las víctimas. Seguimos asistiendo a la degradación del conflicto, a nuevas hostilidades, a la afectación de personas, líderes y lideresas, de negación de los derechos en los territorios. Entonces, la construcción de paz tiene que estar ligada también a las garantías de no repetición”, enfatiza Arboleda Betancur.
En ese mismo sentido, la profesora Catalina Puerta Henao, abogada y doctora en Historia, afirma que, en relación con el sentido del 9 de abril, el Acuerdo Final “tiene que ser visto como una hoja de ruta para la academia y para la sociedad, en la atención de las grandes deudas que persisten con las víctimas de las violencias, para superar muchas de las condiciones que impiden hablar de reconocimiento” y siguen causando daño a buena parte de la población.
Desde otra mirada, el historiador e investigador del Centro Nacional de Memoria Histórica, Rodrigo Torrejano Jiménez, opina que hay una desconexión entre la conmemoración de fechas como el 9 de abril y los debates sobre conflicto y paz en Colombia. Para él, aunque la designación de estas fechas por la institución permite reflexionar sobre un hecho, “problematiza la existencia alrededor de comunidades, de sentidos y de prácticas que posiblemente no se ven reconocidas en esas fechas y que tienen otras agendas dentro de sus prácticas de memoria».
“Desafortunadamente para el país y para la institucionalidad, la paz, la construcción de tejido social y la convivencia, la construcción de memoria y verdad, pareciera que se entendieran como procesos distantes y aislados. ¿Cuál sería la tarea? Entender que la única forma de construir paz es a partir del reconocimiento, la dignificación y la reparación integral de las víctimas”, concluye Torrejano.
El 9 de abril se ha convertido en una fecha clave para entender la historia del país atravesada por el conflicto y sus consecuencias. Pasados diez años de la firma del Acuerdo de Paz, conmemoraciones como esta permiten repensar los ejercicios de memoria y resignificar su sentido en la construcción de paz.
