La UBPD enfrenta el reto de buscar a más de 137 000 personas desaparecidas en medio de conflictos persistentes y limitaciones presupuestales. Hacemos Memoria conversó con Luz Janeth Forero, directora de la entidad, sobre los desafíos de la búsqueda y su futuro ante un nuevo gobierno que cuestiona el Acuerdo de Paz.
Por Fabián Uribe Betancur
Foto de portada: Fabián Uribe Betancur
En Colombia hay más de 137 000 personas desaparecidas por el conflicto armado. La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) tiene la labor de dirigir, coordinar y contribuir a la localización, recuperación, identificación y entrega digna. Una tarea que enfrenta las dificultades geografías del país, la persistencia de la violencia en los territorios, las limitaciones presupuestales y un universo de búsqueda que ha crecido con los años.
Durante sus nueve años de existencia, la UBPD ha trabajado de la mano de organizaciones sociales, familias buscadoras y comunidades en la construcción de metodologías para encontrar a las personas desaparecidas. Ese aprendizaje ha dado lugar a estrategias como la búsqueda inversa, la ruta de aportantes de información, y la ruta buscadora, con las que la entidad busca responder a contextos y formas de desaparición muy diferentes entre sí.
Hacemos Memoria conversó con Luz Janeth Forero Martínez, directora de la UBPD, sobre lo aprendido durante estos años, los obstáculos que enfrenta la búsqueda y el desafío de encontrar a quienes siguen desaparecidos en un momento marcado también por recortes y congelamientos presupuestales y por la llegada de un nuevo gobierno que ha cuestionado el Acuerdo de Paz del que surgió la entidad.
Forero insiste en que la búsqueda debe mantenerse independientemente de quién haya sido la persona desaparecida o del papel que haya tenido en el conflicto armado. Para la directora de la UBPD, hay además un adversario que atraviesa todos estos desafíos: el tiempo.
En estos años, ¿qué ha aprendido la UBPD de las familias buscadoras, las organizaciones sociales y las comunidades sobre la búsqueda?
Ha sido un ejercicio de permanente aprendizaje. Esta entidad todos los días se crea y se recrea porque tenemos experiencias, retos y desafíos que nos interpelan de una manera tan significativa que tenemos que actuar rápido. Tenemos un gran factor en contra: el tiempo está en contra.
Buscar necesita que las personas sean audaces, que se arriesguen y que inventen cosas que no están en los libros. Yo incluso digo que a buscar se aprende buscando. No hay ningún manual que diga cómo se hace una investigación humanitaria extrajudicial. Existen unos protocolos y procedimientos básicos que orientan la actuación, pero no hay un manual que indique cómo intervenir un sitio de interés forense, porque todos son tan distintos que exigen adaptar ese conocimiento básico al lugar particular.
De alguna manera, esta entidad ha logrado reconstruir un cuerpo de conocimiento muy importante que hoy estamos concretando en algo que llamamos la Universidad de la Búsqueda. Queremos que todo ese conocimiento no solo sirva para seguir avanzando en el país, sino también para otros países que están pasando por experiencias o tienen necesidades de búsqueda. No son experiencias similares a las nuestras porque nosotros somos un caso sin precedentes, pero podemos ayudarles a ahorrar curvas de aprendizaje.
Mucho de nuestro trabajo es también ensayo y error. Tenemos una gran cantidad de información y muchas pistas; vamos a los lugares y no encontramos nada. Entonces, siempre hay que estar replanteando. La ciencia y la técnica tienen elementos importantes, pero también hay que juntarlos con lo que hemos aprendido de las comunidades y de las familias buscadoras. Tenemos que conectar ese saber ancestral, ese saber comunitario y esa experiencia de búsqueda que han construido las familias y las organizaciones.
¿Cuáles son los principales retos que enfrenta actualmente la búsqueda de personas desaparecidas?
Uno de los retos más grandes que enfrenta actualmente la búsqueda es la persistencia de los conflictos en el país. Puede que con las FARC haya terminado, pero hay muchos otros que se están reactivando. A pesar de ser una institución humanitaria y extrajudicial, esa persistencia de la violencia en las regiones constituye una gran limitación, sobre todo para las acciones operativas o de campo. Aunque tenemos la posibilidad de acceder a los territorios, no podemos entrar a lugares donde hay confrontaciones o actores armados que están en medio de batallas. Eso dificulta la búsqueda.
Para nosotros también es un desafío el tamaño de nuestro universo de búsqueda. Aunque buscamos a las personas desaparecidas antes del primero de diciembre de 2016, ese universo original se ha transformado por completo. Cuando comenzó la Unidad, estaba alrededor de las 94 000 personas y hoy llegamos a 137 000. Esto es producto, entre otras cosas, de que la entidad tiene legitimidad y credibilidad: más personas vencen el miedo y se acercan a la búsqueda.
En Colombia también tenemos dificultades por las condiciones geográficas, la dispersión y la incomunicación que caracterizan al país. Las personas desaparecidas rara vez están en las grandes ciudades o en los centros urbanos. Hay que buscarlas en escenarios complejos, donde muchas veces no existe ningún tipo de capacidad instalada del Estado. Ese es otro gran desafío.
Además, tenemos un desafío metodológico muy fuerte relacionado con lo que llamamos los contextos, las dinámicas y las temporalidades de la desaparición. No estamos circunscritos a un contexto tan claro como el de las dictaduras del Cono Sur, donde había unos periodos, unos actores, unos modos y unos móviles determinados.
En Colombia la situación es absolutamente variable. Si uno mira, por ejemplo, Antioquia, no es lo mismo la desaparición en los años setenta que en los ochenta, los noventa o en la actualidad. Esas dinámicas y contextos exigen, metodológicamente, estrategias, herramientas, planes y formas de abordar la búsqueda de una manera diversa y diferencial. Esa es también parte de nuestra apuesta metodológica.
Y no puedo dejar de mencionar los desafíos económicos, financieros y presupuestales. La búsqueda es costosa porque necesita tecnología, equipos y perfiles específicos, muy bien entrenados y capacitados. También requiere insumos logísticos importantes, especialmente para garantizar la participación efectiva de las familias. Y esos recursos no siempre los tenemos.
¿Cómo ha avanzado la recolección de información de aportantes, particularmente entre los firmantes del Acuerdo de Paz y los integrantes de la Fuerza Pública?
Tenemos más de 5 300 rutas de aporte con personas que participaron de manera directa o indirecta en las hostilidades que están entregando información absolutamente útil, efectiva para la búsqueda y que incluso están trascendiendo más allá de la entrega instrumental de información. Esta estrategia de aportantes de información fue algo que posibilitó el Acuerdo de Paz. A partir de ahí se estructuró el mandato y las normas que rigen a la entidad.
También es algo que les debemos a las víctimas, porque muchas de ellas, particularmente en Medellín, empezaron hace más de 18 años a desarrollar estas prácticas: hablar con los actores, con las personas que participaron en las hostilidades, sensibilizarlas sobre la necesidad de información que permitiera encontrar a sus seres queridos desaparecidos. Creo que esa experiencia y esa construcción de las víctimas, de hace tantos años, hoy la entidad la está sabiendo implementar.
Otra de las estrategias que ha implementado la UBPD es la Ruta Buscadora. ¿Cómo se ha visto afectada por el sismo?
Este año tenemos programados varios territorios en nuestra ruta del suroccidente que incluyen municipios que fueron muy afectados por el terremoto. En esos casos decidimos dejarlos para lo último y cambiar nuestros recorridos: ir primero a otros municipios para que, cuando la situación esté un poquito más estabilizada, hacia final de año podamos ir a esos sitios.
En el Chocó, por ejemplo, fue una decisión institucional. Hay municipios muy afectados, pero vamos a ir de todas maneras. Entonces, todo esto depende mucho de la lectura que hacemos de manera simultánea del contexto. Pero lo más importante es que, a pesar del terremoto, la búsqueda humanitaria extrajudicial no para. Se acomodó a ese nuevo contexto, sobre todo en estos territorios, y ahí seguimos en la búsqueda.
Usted mencionó que el factor económico es uno de los retos de la búsqueda. ¿La UBPD ya se ha reunido con el nuevo gobierno para hablar sobre el presupuesto de la entidad?
Todavía no. Estamos teniendo recortes y congelamientos presupuestales, como está ocurriendo con las distintas entidades del Estado. Estamos preparando nuestra estrategia de incidencia para que se comprenda, en esencia y en toda su dimensión, qué significa la búsqueda humanitaria. Estamos esperanzados en que no vamos a tener mayores percances.
¿Qué retos enfrenta la UBPD ante un gobierno cuyo presidente, Abelardo de la Espriella, ha manifestado su intención de acabar con el Acuerdo de Paz del que surgió la entidad?
Nosotros buscamos a integrantes de la fuerza pública, buscamos a actores de conflicto, buscamos a líderes sociales que, por sus trabajos en las comunidades, fueron desaparecidos. Yo creo que eso es un gran factor diferenciador: es una entidad que el país necesita en cualquier parte.
