La Fundación Sol y Tierra conserva fotografías, documentos, audios y videos del Movimiento Armado Quintín Lame. A 35 años de su desmovilización, estos registros preservan las memorias indígenas y aportan a la construcción de paz.
Por Fabián Uribe Betancur
Foto de portada: Jaime Enrique Quijano Pardo
Entre fotografías, documentos, cintas de video y audio se conserva parte de las memorias del Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), organización indígena que se desmovilizó en 1991, luego de un proceso de paz en el Cauca. Estos documentos audiovisuales registran la historia del grupo insurgente y las acciones de resistencia de las comunidades. Hoy en día, este archivo es custodiado por la Fundación Sol y Tierra y se emplea como herramientas para la construcción de paz en los territorios.
El MAQL fue la primera y única guerrilla indígena en Colombia. Surgió como una respuesta de las comunidades ante la violencia de los terratenientes, el despojo de tierras ancestrales, el asesinato de líderes sociales, los ataques de los grupos armados y la falta de protección por parte del Estado. “Cuando las comunidades decidieron no aguantar más, fueron formando sus propios grupos de autodefensa y de estos grupos se organizó el Comando Quintín Lame”, se lee en el informe Guerra propia, guerra ajena del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).
Esta organización insurgente operó en el Cauca desde 1984 hasta su desmovilización en 1991. Su nombre surge en homenaje a Manuel Quintín Lame, líder social, político, autodidacta y escritor indígena nasa, quien dedicó su vida a combatir el pago de rentas por labrar la tierra, el despojo y la defensa de los derechos de las comunidades originarias, bajo una estrategia de movilización social combinada con la defensa legal basada en el Código Civil y en el manual El Abogado en casa.
“Esas memorias están en la fundación y recogen los testimonios de las comunidades sobre cómo muchas familias fueron despojadas de sus tierras mediante engaños. En esos relatos recuerdan que, al no saber leer ni escribir, firmaron escrituras que no comprendían y después terminaron trabajando en las mismas tierras que antes les pertenecían”, cuenta Edison Quiñones, artista plástico y líder social del pueblo nasa.
La Fundación Sol y Tierra surge del acuerdo de paz entre el Estado colombiano y el grupo insurgente, firmado el 30 de noviembre de 1991. “Fue creada con el propósito de construir memoria sobre las razones que llevaron al Quintín Lame, como grupo armado, a transitar hacia la desmovilización y a emprender un proceso de paz duradero”, relata Aníbal Pame, líder social, firmante de paz del MAQL e integrante de la fundación, y añade que, para ese año, participaron con una delegación en la Asamblea Nacional Constituyente.
La fundación está ubicada en Popayán y en la actualidad enfoca su trabajo en la defensa cultural, la economía solidaria, los derechos humanos, el fomento de la investigación participativa, de igual modo, en contribuir con la eliminación de toda forma de discriminación racial, económica, social, política y religiosa.
Conservar las memorias indígenas para la paz
El archivo de acceso libre reúne más de 150 casetes de audio, más de 200 cintas de video en diferentes formatos, entre ellos VHS, Betamax y acetato, así como fotografías y documentos escritos. “Este material se logró obtener gracias a muchos compañeros que tenían forma de grabar en esa época”, detalla Pame, y cuenta que también hay registros de las iniciativas comunitarias que se sumaron al proceso de paz en Pueblo Nuevo, Cauca.
Este acervo documental guarda las memorias de cómo era la vida en la insurgencia y del proceso de desmovilización en actas, acuerdos, firmas, registros de reencuentros y material sobre la entrega de armas. “Tienen audios de personas que ya no están, pero que dejaron allí su palabra y lograron documentar momentos como el velorio del padre asesinado Álvaro Ulcué Chocué, así como materiales sobre la firma de la paz y la entrega de las armas”, relata Quiñones. Entre los documentales preservados por la fundación que abordan el proceso de reinserción de los excombatientes y la cosmovisión del pueblo nasa están Tumbichucue Loma de Torcazas y La mirada puede morder.

Los registros no solo se limitan a la historia del extinto grupo armado. Según Iván Roberto Diago Velasco, líder social, firmante de paz del antiguo MAQL y director de la fundación, entre las grabaciones hay entrevistas realizadas a mayores y mayoras de diferentes pueblos indígenas del Cauca, quienes relatan sus formas de vida, costumbres, saberes, mitos y memorias relacionadas con las comunidades y sus territorios.
Para Quiñones el archivo de la Fundación Sol y Tierra recoge las formas de organización de las comunidades indígenas en el Cauca: “cómo escuchaban y resolvían problemas, y cómo se comunicaban con los territorios. Entre estos archivos se encuentra el periódico Tierra Unidad, entrevistas, registros de emisoras y documentales realizados por las mismas comunidades”, cuenta.
La preservación de estos materiales implica un trabajo permanente. Diago explica que las cintas permanecen en un espacio cerrado, con control de temperatura y humedad y organizadas en estanterías de acuerdo con códigos que permiten identificar el año y el tipo de contenido. Antes de manipularlas, se realizan labores de limpieza y desinfección para reducir el riesgo de deterioro o contaminación. “Cuando iniciamos con la fundación, teníamos poco conocimiento sobre este tema. Con el tiempo, hemos recibido capacitaciones en procesos archivísticos y conservación a través de convocatorias y asesorías virtuales”, detalla.
Saber más: Archivos que preservan las memorias para construir paz
La Fundación Sol y Tierra ha buscado recursos económicos a través de convocatorias, elaboración de proyectos y venta de servicios, con el propósito de financiar sus actividades en los territorios. “Hemos ganado varias convocatorias, las cuales nos han permitido mejorar la infraestructura y nuestra labor archivística”, cuenta Diago, y señala que el material es consultado en su mayoría por investigadores, profesores, estudiantes y periodistas.
Para Pame estos archivos son fundamentales para la academia, ya que permiten comprender las problemáticas sociales de las comunidades indígenas que han resistido a lo largo de los años y cómo han aportado a la construcción de paz desde los territorios y los procesos comunitarios. “Es un recurso útil para estudiantes de educación superior, especialmente para aquellos que están en el último semestre de su carrera o áreas como la etnoeducación”, detalla.
Quiñones agrega que los archivos son una herramienta para comprender los procesos sociales, políticos y de resistencias que han atravesado las comunidades indígenas en el Cauca. “Demuestran la dignidad de las comunidades para organizarse de manera colectiva y autónoma. Funcionan como un ejercicio sanador que ayuda a las futuras generaciones a entender el ecosistema de la vida, de la paz y el porqué de las luchas de sus ancestros”, comenta.
El compromiso de construir paz a pesar de los desafíos
A 35 años de la desmovilización del MAQL, para Diago el archivo de la fundación brinda la posibilidad tener una visión diferente del proceso de paz, ya que permitió que 157 combatientes dejaran las armas e hicieran un tránsito a la vida civil y a la política. “Conservar los registros de los procesos y de los liderazgos sirve para fortalecer a las comunidades y reavivar en los jóvenes la memoria de sus raíces, bajo la premisa de que quien pierde su historia no logra avanzar”, detalla.
Entre los compromisos adquiridos por Estado se encuentran la implementación de garantías jurídicas, el desarrollo de un plan de seguridad y de reinserción a la sociedad de los excombatientes y la ejecución de obras de infraestructura en los municipios de Popayán, El Tambo, Totoró, Cajibío, Piendamó, Morales, Corinto, Santander, Caloto, Jambaló, Puracé, Caldono, Buenos Aires, Toribío, Inzá y Páez. Regiones que, en la actualidad, siguen enfrentando desigualdades sociales, problemas de seguridad, presencia de grupos armados ilegales y poca presencia estatal.

Para Diago, este acuerdo permitió que un amplio número de comunidades indígenas accedieran a servicios básicos como salud, educación y transporte. “Había compañeros que casi no hablaban español, ya que hablaban el idioma nasa, y que no sabían leer ni escribir. Algunos apenas tenían segundo o tercero de primaria, pero lograron superarse y convertirse en grandes oradores, intérpretes, políticos, demócratas y líderes sociales”, recuerda el firmante de paz del extinto MAQL.
También menciona que quedaron compromisos pendientes por parte del Estado, como el acceso a las tierras y la necesidad de una mayor intervención estatal para atender las condiciones sociales de las comunidades del Cauca. “Hasta el sol de hoy, hay muchas comunidades que no han podido acceder a tierras”, enfatiza Diago.
