Según datos de la UBPD, en Antioquia se registran 3450 casos de mujeres desaparecidas. Las regiones más afectadas por esta forma de victimización son el Valle de Aburrá, el Urabá, el Bajo Cauca y el Nordeste.
Por Fabián Uribe Betancur
Foto de portada: UBPD
Katherine Rivera Londoño tenía 12 años cuando fue desaparecida por un grupo armado en una zona rural de Anorí, Nordeste antioqueño; su cuerpo fue entregado por la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) a su madre luego de 15 años de búsqueda. Su historia refleja la de otras 3450 mujeres desaparecidas en Antioquia, un universo de víctimas que ha sido estudiado por el equipo de ciencia de datos de esta entidad para encontrar y evidenciar patrones demográficos, territoriales y de tiempo que dan cuenta del impacto diferenciado de la desaparición forzada en las mujeres.
Flor María Londoño Londoño relató a la UBPD que su hija Katherine fue desaparecida por un grupo armado el 15 de enero del 2011 en la finca donde la familia vivía, en Anorí. También reveló que gracias a las pesquisas de la familia supieron que Katherine falleció durante un enfrentamiento armado; sin embargo, nunca recibieron información sobre el lugar de los hechos ni la ubicación de su cuerpo.
El caso de Katherine se ubica en el pico histórico de violencia y desaparición contra las mujeres registrado en el departamento entre los años 1998 y 2004. Según el informe Antioquia. Análisis demográfico de la desaparición de mujeres elaborado por el Grupo Interno de Trabajo de Ciencias de Datos para la Búsqueda (GITCDB) de la UBPD, este periodo coincide con el recrudecimiento del conflicto armado en el departamento. “Las mujeres fueron blanco directo de esta práctica en los años de mayor confrontación”, se lee en el documento, conocido por Hacemos Memoria en abril de 2026.
Caracterizar para buscar
La búsqueda de la joven se basó en testimonios y muestras de ADN provistas por su madre y hermano, con apoyo de la UBPD, firmantes del Acuerdo de Paz y la Corporación Humanitaria Reencuentros. El cuerpo fue hallado en julio del 2024 durante la intervención forense al Cementerio Central de Apartadó, junto a otros 18 cuerpos recuperados. La investigación del Plan Regional de Búsqueda del Eje Bananero determinó que la joven falleció el 29 de mayo del 2014, a orillas del río Jedega en Murindó, muy lejos de Anorí, el pueblo de su familia.
Eurides Triana Triana, estadístico, demógrafo y coordinador del GITCDB, señala que los datos recopilados durante las distintas etapas de búsqueda, como en el caso de Katherine, son procesados por el equipo de ciencia de datos para construir, depurar y analizar el conjunto total de víctimas. Este universo supera las 135 mil personas desaparecidas a nivel nacional, de las cuales, cerca del 14,2 % son mujeres.
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El estadístico explicó que el análisis realizado al universo de víctimas permite identificar patrones demográficos, generacionales y territoriales orientados a comprender el impacto diferenciado de la violencia, en este caso, de las mujeres. “Queremos hacer unas mediciones globales que nos permitan generar documentos semanales y mensuales, así como en lo que aquí denominamos fechas conmemorativas, como la del 8M”, afirmó.

De acuerdo con Triana, para la construcción de la caracterización, se utilizan todos los datos disponibles y herramientas de inteligencia artificial, y esta se cruza con bases de datos que provienen de registros administrativos de varias entidades, como la Fiscalía y Medicina Legal, de las solicitudes de búsqueda que las personas realizan directamente en la Unidad, y de la información aportada por las familias en registros médicos y denuncias.
La desaparición de mujeres en Antioquia
Triana señala que la desaparición forzada de mujeres en Antioquia se convirtió en una práctica ligada al control de los territorios y a la violencia desencadenada por el conflicto armado. Según datos de la UBPD, en el departamento hay registro de 3450 mujeres desaparecidas antes del 1 de diciembre de 2016, lo que lo convierte en uno de los territorios con más casos en el país. Las regiones más afectadas por esta forma de victimización son el Valle de Aburrá, el Urabá, el Bajo Cauca y el Nordeste antioqueño.
El informe extendido por la UBPD detalla que, en el departamento, la mayoría de las mujeres desaparecidas son jóvenes y adolescentes, entre los 12 y los 28 años. Esto muestra que este grupo ha sido especialmente afectado por la violencia y por el control de los territorios, lo que las hace más vulnerables.
También hay un número importante de mujeres adultas, entre los 29 y 59 años. Muchas de ellas eran madres y/o cabezas de hogar, por lo que su ausencia ha causado graves problemas en la vida de sus familias y comunidades.
El documento detalla que las mujeres más afectadas en Antioquia son las nacidas entre 1975 y 1985. La mayoría de ellas vivieron su juventud y sus primeros años de adultez en los momentos más violentos del conflicto –entre 1995 y 2005–, por lo que fueron la generación más golpeada por este fenómeno. No obstante, en ese periodo, y especialmente alrededor del año 2002, la violencia se extendió y alcanzó a mujeres en todas las etapas de la vida.
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Por otra parte, el mayor número de casos de desaparición de mujeres se concentra en Medellín y el Valle de Aburrá, con más de 800 casos. Esto muestra que las zonas urbanas, donde hay un número significativo de población y presencia de conflicto, son los principales escenarios de este fenómeno.
En regiones como el Urabá, el Bajo Cauca y el Nordeste antioqueño, que han sido estratégicas para los grupos armados ilegales por el control de rutas del narcotráfico, la minería ilegal y el control social, la violencia contra las mujeres también conllevó casos de desaparición. Asimismo, afirma el documento del GITCDB, “la desaparición no es un hecho aislado de las grandes ciudades, sino que se extiende por la gran mayoría de los municipios de Antioquia; fue una herramienta de control utilizada de manera capilar en las zonas rurales del departamento”.
El caso de Katherine Rivera Londoño, como el de otras mujeres, muestra que este hecho victimizante no fue aislado, sino parte de una tragedia más amplia que ha dejado miles de mujeres desaparecidas en Antioquia.
Detrás de cada cifra que revela el Grupo Interno de Trabajo de Ciencias de Datos para la Búsqueda de la UBPD hay una historia de dolor, búsqueda e incertidumbre con consecuencias en las familias, en las comunidades que integran y en toda la sociedad.

