Hace 26 años, pasajeros de un camión de escalera en San Carlos, Antioquia, fueron retenidos con lista en mano y asesinados por un grupo paramilitar en una zona llena de retenes del Ejército. Algunas familias aún buscan a las víctimas que quedaron desaparecidas.

Por Margarita Isaza Velásquez
Foto de portada: Valentina Quintín L.

La “masacre de la escalera” en San Carlos, Antioquia, cumplió 26 años este 15 de abril. Ese día del año 2000, 15 campesinos y líderes comunales de las veredas Sardinita, Santa Rita, Santa Inés y San Miguel viajaban hacia la cabecera municipal en un camión de transporte rural, conocido como escalera, cuando fueron retenidos, torturados y asesinados por un grupo paramilitar. En el desarrollo de este hecho, tres personas más fueron asesinadas.

En el cementerio municipal de San Carlos, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) está realizando la intervención de 33 bóvedas para recuperar cuerpos no identificados que corresponderían a personas asesinadas en el contexto del conflicto armado. De acuerdo con la investigación que documenta los sitios de interés forense en este cementerio y que hace parte del Plan de Búsqueda del Oriente Antioqueño, dos de los cuerpos sin nombre, inhumados allí el 1 de mayo del 2000, podrían ser víctimas de la masacre de la escalera.  

Por ser solo una más de las 33 masacres que enlutaron a San Carlos entre finales de los noventa y mediados de la primera década del 2000, como está consignado en el informe San Carlos: Memorias del éxodo de la guerra, del Centro Nacional de Memoria Histórica, la fecha pasó inadvertida, al menos en público.

En este municipio del Oriente de Antioquia, a tres horas y media en bus desde Medellín, los aniversarios de los crímenes de la guerra que afectaron a sus pobladores podrían sobrepasar cualquier calendario agitado: asesinatos selectivos, ejecuciones extrajudiciales, amenazas y torturas, despojo de tierras, desplazamiento forzado, masacres y todas las modalidades de violencia que consignan los informes de observatorios de derechos humanos, organismos de justicia y repositorios de memoria. No significa, sin embargo, que estas fechas carezcan de importancia.

Los hechos, por distantes que sean en el tiempo, aún conservan su marca en el recuerdo de los familiares de las personas asesinadas, y aun más de aquellas cuyos cuerpos no pudieron ser identificados y enterrados dignamente; así como en el de los habitantes del pueblo y de quienes presenciaron el inusual recorrido del camión de escalera, tapado con las carpas negras que suelen proteger la carga de la lluvia, en una mañana radiante y calurosa.

Pastora Mira, lideresa de la reparación en San Carlos, víctima de la guerra por los asesinatos y desapariciones de varios de sus familiares, cuenta que para muchos fue muy raro ver pasar así ese vehículo.

“Yo venía de Medellín en un bus de Transoriente a pasar la Semana Santa en el pueblo, y vimos la escalera que venía ‘encarpada’ de San Miguel y se le pasó al bus. Había un retén del Ejército en el estadero La Planta, ya cerquita del pueblo, y a nosotros nos pararon, como diez minutos estuvimos ahí. A todos nos llamó la atención que esa escalera estuviera encarpada, pero no le dimos mayor importancia. Cuando llegamos al pueblo, resulta que la escalera había pasado de largo, y era muy raro porque se nos había adelantado en el camino. En el pueblo empezaron a decir que muy raro que la chiva del ‘Enyerbado’ nada que llegaba; así era conocido Abelardo López, el dueño de esa chiva, que siempre hacía viajes a San Miguel: había ido a llevar un viaje pero no regresó. Ahí viajaban personas que todos conocíamos: el presidente de la junta de acción comunal, otro líder comunitario, el oficial que estaba construyendo la escuela…”, relata Pastora, a quien no se le pierden los detalles de aquellos años en los que casi todos los 25 mil habitantes de San Carlos tuvieron que abandonar sus casas y fincas para proteger la vida.

Una reconstrucción de esos días de abril del año 2000 la presenta el historiador local Carlos Hernando Olaya en su libro Nunca más contra nadie: Ciclos de violencia en la historia de San Carlos, un pueblo devastado por la guerra, publicado en el 2012.

Antes de narrar cómo sucedió la masacre de la escalera, el historiador explica que a principios de mes, tropas de la Fuerza de Despliegue Rápido y de los batallones Juan del Corral, Barbacoas, Granaderos y la Brigada Móvil n.° 3 habían instalado retenes en las veredas y vías de acceso al municipio de San Carlos, y tuvieron enfrentamientos con la guerrilla en los límites con Granada. En líneas seguidas, relata Olaya:

En medio de esta operación, el sábado 15 de abril de 2000, a las 6 de la mañana, el ejército realizó un retén en la vereda Peñoles, a la entrada de la carretera que va del perímetro urbano de San Carlos hacia las veredas Sardinita, Santa Rita, Santa Inés y San Miguel. Allí, los camiones que se dirigían hacia dichas veredas a traer a los campesinos al mercado, como era lo habitual, fueron detenidos y requisados por un grupo de soldados. Efectuada la requisa, los militares permitieron a los vehículos continuar su recorrido. Pero, al regreso, siendo las 10 de la mañana, dos camiones tipo escalera y un pequeño camión Ford 300, que regresaban al pueblo con los campesinos de las veredas de este sector, fueron interceptados por los paramilitares en la entrada a la vereda la Villa, un kilómetro más adelante donde, cuatro horas antes, el ejército había instalado el retén, pero que ya no se encontraba en el lugar.

En la redada, quince pasajeros fueron apresados, después de ser señalados por tres hombres encapuchados que portaban fotos y una lista de las personas que iban a ser secuestradas. Luego, los retenidos fueron obligados a subirse al camión escalera que provenía de la vereda San Miguel, en dirección al perímetro urbano de San Carlos, en tanto que los otros viajeros quedaron a la orilla de la carretera. A plena luz del día, el camión escalera, con la carpa cerrada para que los pobladores no se percataran del secuestro, atravesó por las calles de San Carlos, llevando a los campesinos dentro. El vehículo, en su recorrido, cruzó con los retenidos por la calle La Variante, por el frente de la alcaldía y un puesto del ejército instalado en el sector de la feria de ganados, ubicado a solo tres cuadras de las instalaciones de la casa de gobierno municipal.

En el sector denominado Puente Arkansas, los asaltantes asesinaron al conductor y propietario del camión escalera, Abelardo López Salazar, al ayudante José Gustavo Loaiza Ceballos y al bulteador Enrique de Jesús Echavarría. En este sitio, dejaron abandonado el camión escalera y los retenidos fueron obligados a subirse a un pequeño camión, que había sido robado en la mañana, cuando se dirigía al corregimiento Samaná, a traer un equipaje para el pueblo. El propietario y conductor, José Cristóbal García, y su ayudante William Vásquez, también fueron secuestrados por los paramilitares, sin que hasta el momento se conozca qué hicieron con ellos y el lugar donde se encuentran.

El domingo 16 de abril, día siguiente a la retención de los campesinos que viajaban en la escalera de San Miguel, fue secuestrado en la carretera que va hacia el Jordán, el estudiante Carlos Alberto García, hallado muerto en este mismo sector, dos días después de su desaparición.

Los cadáveres de las doce personas retenidas en la chiva de San Miguel fueron encontrados trece días después en una fosa común con signos de tortura y tiros de gracia; dos de ellos no pudieron ser identificadas por la crueldad infligida en sus cuerpos. Además, las familias tuvieron dificultades para enterrar dignamente a sus seres queridos; no solo corrían peligro por la presencia continuada de los actores armados, sino que las autoridades se demoraron para asistir a las diligencias de levantamiento, así lo comentó una nota de prensa de la Corporación Jurídica Libertad cuando se cumplieron 15 años de la masacre.

En el 2011, la Fiscalía realizó exhumaciones en un cementerio del corregimiento El Jordán, que había sido señalado como el sitio de inhumación de las personas asesinadas por el comandante paramilitar Gabriel Muñoz Ramírez, conocido como ‘Castañeda’, donde se encontraron cuerpos que podían estar vinculados a estos mismos hechos. El paramilitar falleció de un paro cardiaco en julio del año pasado; se encontraba en prisión domiciliaria.

Los crímenes cometidos por las Autodefensas Unidas de Colombia en complicidad con tropas del Ejército fueron denunciados desde ese mismo abril del año 2000 por la Corporación Jurídica Libertad y otras organizaciones defensoras de derechos humanos, que no se cansaron de levantar la voz en comunicados y tribunales de justicia para intentar detener el desangre de un pueblo que se estaba quedando sin habitantes.

cementerio de San Carlos
Hasta el 18 de abril de 2026, la UBPD realiza la intervención forense en el cementerio de San Carlos. Foto: UBPD

En este abril del 2026, en el cementerio municipal de San Carlos, un equipo de investigadores forenses, compuesto principalmente por mujeres, toma muestras de tejido óseo y verifica documentos asociados a cada cuerpo de las 33 bóvedas que interviene la UBPD para completar el rompecabezas que les devuelva la identidad a quienes fueron enterrados como personas sin identificar o nunca fueron reclamados por sus familiares.

La antropóloga forense María Camila López informa que dos de los cuerpos que el equipo de la UBPD está recuperando en esta intervención están asociados a la masacre de la escalera. No obstante, estos y otros cuerpos que fueron enterrados como no identificados padecieron la humedad de los pabellones del camposanto, por lo que se ha limitado la obtención de muestras de tejidos para realizar luego comparaciones de ADN. Asimismo, ha sido difícil llegar a familiares consanguíneos de las víctimas.  

Según el boletín Noche y Niebla n.° 16, de abril a junio del año 2000, del Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política, publicado por el CINEP, estos son los nombres de las personas asesinadas en la masacre que enlutó y contribuyó al éxodo de los habitantes de San Carlos. Otras víctimas no fueron identificadas.

Pablo Emilio Martínez Santillana, Carlos Mario Vallejo Valencia, Eider Alberto Arias Ramírez, José de Jesús Mejía García, Francisco Luis Moreno Salazar, Cristóbal García, Humberto Noreña Ramírez, Henry Enrique Vallejo Valencia, Miguel Ángel Arango Mora, Héctor Rendón Rendón, Ramón Eduardo Quintero, José Gustavo Loaiza Ceballos, Enrique Vallejo Echavarria, Abelardo López Salazar.