La corporación Madres de la Candelaria – Línea Fundadora ratificó y celebró su lucha constante por la búsqueda de desaparecidos y de la verdad de los hechos del conflicto en Colombia, al cumplir 27 años de persistencia. 

Por Carla Serna Ovallos
Foto: Secretaría de las Mujeres – Alcaldía de Medellín 

A lo largo de 27 años, las Madres de la Candelaria – Línea Fundadora han aportado a la construcción de memoria y verdad en el país con el liderazgo de distintas iniciativas de memoria y procesos de búsqueda de desaparecidos. Especialmente, después de la firma del Acuerdo de Paz, hace ya diez años, han reafirmado la importancia de la verdad y el esclarecimiento de los crímenes de lesa humanidad en su defensa de los derechos de las víctimas del conflicto armado, por lo que participan en trabajos articulados con entidades del Sistema Integral de Paz.  

En el Museo Casa de la Memoria de Medellín se conmemoró el cumpleaños de la corporación, en un evento que tuvo reflexiones sobre la trayectoria de la organización, mensajes de felicitación por parte de aliados y amigos, eucaristía y partida de torta. El 18 de marzo en la mañana estuvieron presentes allí las integrantes de Madres, así como también miembros de diversas organizaciones y entidades, como la Red de Víctimas Sobrevivientes del Conflicto, la Secretaría de Paz y Derechos Humanos de Medellín, la Oficina de las Naciones Unidas en Colombia, la Jurisdicción Especial para la Paz –JEP– y otros acompañantes que han seguido el proceso social de Madres de la Candelaria – Línea Fundadora. 

La corporación destacó durante la celebración el trabajo que han venido realizando en los últimos meses sobre reivindicar la memoria como víctimas del conflicto armado, en relación con los casos 01 –crímenes de las FARC-EP–, 03 –conocido como el de ‘falsos positivos’– y 11 –violencia de género– de la JEP, en los que participan más activamente. 

Entre los proyectos que hacen parte de la agenda de la organización, está el apersonamiento en Antioquia del Caso 03 “Asesinatos y desapariciones forzadas presentadas falsamente como bajas en combate por agentes del Estado”. Como resultado del proceso restaurativo, este macrocaso tendrá una intervención en la Terminal del Norte, en Medellín, lugar que fue usado por miembros del Ejército para llevarse de forma engañosa a jóvenes que luego fueron víctimas de ejecuciones y desaparición forzada en Dabeiba y otros municipios de Antioquia. 

En el contexto de esta intervención, las Madres de la Candelaria – Línea Fundadora tienen y promueven la campaña “Mi familia no sabe que fui un falso positivo”, con la que quieren encontrar a las familias de los 18 cuerpos ya recuperados en el cementerio Las Mercedes de Dabeiba, de quienes ellas se han definido simbólicamente como madrinas. 

Otro de los proyectos en los que la corporación se ha comprometido es el trabajo en conjunto con comparecientes de la fuerza pública y firmantes del Acuerdo de Paz, para “tejer la verdad desde varias orillas”, como dice Luz Amparo Mejía García, representante legal y líder de la Línea Fundadora. En esta iniciativa, ellas han estado trabajando con las integrantes del Mercado de Mujeres de Paz, firmantes reincorporadas a la vida civil, y con quienes han estado realizando conversatorios, visitas a territorios y participación en eventos ciudadanos. 

“Sentimos que es de la única forma que podemos cerrar esa brecha que hay entre el victimario y la víctima; queremos mostrar que, aun con el pasado que tenemos todas, hoy somos mujeres que apostamos a la justicia restaurativa, a la paz en Colombia y a la no repetición”, explica Mejía. 

Desde la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC-EP, en 2016, organizaciones de víctimas del conflicto armado colombiano, como las Madres de la Candelaria – Línea Fundadora, han trabajado de la mano y seguido de cerca los aportes a la verdad, la justicia transicional y la búsqueda de personas desaparecidas, en procesos y proyectos de reparación y verdad, en los que, más que espectadoras, han sido protagonistas. 

La década que ha transcurrido desde entonces les permite hacer un balance sobre el impacto de la ejecución de los acuerdos, al menos desde su punto de vista. Luz Amparo Mejía comenta que esta implementación ha tenido dos caras: por un lado, explica, ha sido positiva, porque trajo consigo la localización de personas desaparecidas en lugares como los cementerios de la región, gracias al trabajo de la Unidad de Búsqueda. Por otro lado, afirma, persisten los vacíos en temas que parecen más inalcanzables como la verdad. 

Según la líder de Madres de la Candelaria – Línea Fundadora, en cuanto a la justicia transicional, “cuando una mamá ratifica al público que su hijo no era lo peor y que esa gente lo cogió por sumar, eso sana el corazón de la madre y la familia, porque le devuelve la dignidad a su ser querido desaparecido o dado de baja en combate, como pasó con los falsos positivos”, expresa Mejía, quien pone en valor el proceso dialógico de la justicia restaurativa. 

Con respecto a los vacíos, o el lado difícil de la implementación, reconoce que persisten las deudas del Estado, como el no haber sido escuchadas todas las víctimas por la Comisión de la Verdad, o el que se quedaran por fuera casos muy graves de violaciones a los derechos humanos en las investigaciones priorizadas que aborda la JEP.  

Ella no es la única que siente ese vacío ante lo conseguido en la última década. María Noemí Henao, también integrante de Madres de la Candelaria – Línea Fundadora, expresa su desazón por no tener claridad de la verdad del crimen del que se reconoce como víctima, aun cuando ya encontró a su esposo Javier de Jesús Vanegas, que fue desaparecido el 11 de mayo de 2002. 

Después de años de incertidumbre, a ella las autoridades le avisaron el 2 de agosto de 2018 que habían encontrado a su esposo en el Carmen de Viboral, oriente de Antioquia, y que había sido identificado después de hacer las debidas verificaciones de ADN. El 17 de ese mismo mes le entregaron los restos de Javier. 

Y aunque ya han pasado casi ocho años desde entonces y se siente agradecida por esto, María Noemí Henao sigue con la duda de saber qué le pasó a Javier, quién lo desapareció, pues la falta de esclarecimiento de los hechos la intranquiliza. “Me gustaría algún día saber por qué a mi esposo se lo llevaron del centro de Medellín, porque hay cosas que se quedan como en la mente siempre, cosas en las que uno se queda pensando”, añade. 

Las Madres de la Candelaria – Línea Fundadora también han persistido desde sus inicios en el trabajo por la memoria del conflicto, como vía para buscar la no repetición. Por eso, trabajan junto con la Corporación Surgir y la Universidad de Antioquia en la reivindicación de 21 lugares de memorias en Medellín. 

“Hoy nos la jugamos por eso, estamos enfocadas en ‘Memorias vivas’, en ‘Seguir buscando hasta encontrar’, proyectos locales, para poder dejar al menos instaurado en lo que queda de este gobierno unos lugares fijos en algunas comunas, y que sean reconocidos y respetados” destaca Luz Amparo Mejía, quien también manifiesta que los recorridos en el atrio de la iglesia de La Candelaria, junto al parque Berrío, se siguen realizando sin falta todos los miércoles. 

A la fecha Madres de la Candelaria – Línea Fundadora hace parte de la Red de Mujeres Buscadoras en Antioquia, en la que tienen como objetivo mantener viva la memoria de sus seres queridos y reivindicar su nombre. 

Durante la celebración de su aniversario, la corporación, que, según cifras aportadas por la líder y representante legal, está conformada por 1715 familias y acompaña a 1200 personas en procesos de búsqueda de personas desaparecidas, reiteró su lema: “insistir, persistir y nunca desistir” en la búsqueda de la verdad y la construcción de paz.