En el norte y el sur del Valle de Aburrá, la UBPD exhuma cuerpos y realiza pruebas científicas para encontrar la identidad de quienes fueron víctimas del conflicto armado. En el área metropolitana de Medellín hay 1107 personas desaparecidas, según la Unidad de Búsqueda.
Por Carla Serna Ovallos y Margarita Isaza Velásquez
Foto: Comunicaciones UBPD
Dentro del plan regional de búsqueda del Valle de Aburrá, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas –UBPD– ha realizado varias fases de intervenciones forenses en cuatro cementerios del área metropolitana: el Jardín Cementerio Universal de Medellín, el cementerio municipal de Barbosa, el cementerio municipal de Caldas y el cementerio municipal de Copacabana.
En estas acciones, la entidad se acerca a las comunidades para que diligencien solicitudes de búsqueda, y recupera y toma muestras de tejidos tanto a los cuerpos no identificados como a los cuerpos no reclamados de personas que fueron dadas por desaparecidas en el contexto del conflicto armado colombiano antes del 1 de diciembre de 2016. Después de estas intervenciones, y con los cuerpos y las muestras recuperadas, se realizan cruces de información y se toman nuevas pruebas científicas con las que se espera llegar a la identidad y a la entrega digna de los cuerpos.
Por estos días, y hasta el 20 de marzo, la UBPD lleva a cabo la tercera fase de intervención en el cementerio de Caldas, sur del Valle de Aburrá, en la que se abordan 20 sitios de interés forense, como osarios, bóvedas y fosas. En las dos fases previas, cumplidas en 2025, se recuperaron 29 cuerpos de 37 sitios de interés forense.
Así mismo, entre el 16 de febrero y el 6 de marzo, fue intervenido el cementerio de Copacabana, norte del Valle de Aburrá. Allí, en vez de recuperarse cuerpos para llevarlos a un laboratorio, se tomaron muestras de tejidos óseos de los cuerpos exhumados para procurar la identificación de las personas desaparecidas.
El trabajo técnico y pedagógico
En el cementerio de este municipio puede haber víctimas de desaparición, pues su ubicación fue estratégica para los actores del conflicto por la cercanía a la autopista Medellín-Bogotá, que fue utilizada para dejar cuerpos de personas asesinadas, mencionó durante la intervención forense Claudia Lucía Bañol Alarcón, quien es la investigadora a cargo del plan regional de búsqueda del Valle de Aburrá.
Además, expresó que la zona albergó durante la temporalidad abordada –antes de 2016– bandas criminales adscritas a paramilitares, a guerrillas y a grupos del narcotráfico. Una buena parte de los cuerpos no identificados que reposan en el cementerio corresponden a algunas mujeres, pero sobre todo a hombres jóvenes que fueron inhumados después de 2010 o también a mediados de los noventa.
La elección de los sitios de interés forense, para ser intervenidos por la UBPD, responde a la investigación previa hecha en los planes de búsqueda. La antropóloga Bañol explicó que el proceso investigativo y de intervención forense a los camposantos conlleva la mediación con las parroquias católicas, quienes son las custodias del 90 % de los cementerios del país, para que ellas den paso y suministren la información que se requiere en la investigación.
A su vez, se realizan acciones de pedagogía en el municipio a intervenir, que se apoyan en una exposición de fotografías y materiales gráficos relacionados con la búsqueda, con el fin de sensibilizar a los pobladores sobre la necesidad de buscar a todas las personas que faltan y, especialmente, de atraer a las familias con seres queridos desaparecidos para que diligencien la solicitud de búsqueda.
“El objetivo es recibir solicitudes de búsqueda y obtener más información sobre las circunstancias de desaparición de las personas y sobre los actores armados que operaban en el municipio y sus alrededores. Estas acciones de pedagogía se articularon en Copacabana con la mesa municipal de víctimas”, expresó la antropóloga Bañol.
Después, se realiza una caracterización geoespacial del cementerio a intervenir, en compañía de un topógrafo y del sepulturero para conocer cómo han sido las dinámicas de inhumación en el sitio. Así se definen los lugares, como osarios y bóvedas, que deben ser intervenidos por los forenses. Esa caracterización se apoya también en la revisión de los archivos de la parroquia.
Para el caso de Copacabana, en los archivos se registraron 30 cuerpos inhumados no identificados, los cuales fueron referencia en la revisión de protocolos de necropsias, actas de levantamiento y registros de defunción del hospital municipal para reconocer las coincidencias entre los documentos. Solo cinco cuerpos coincidieron entre estos protocolos y el archivo parroquial, lo que la investigadora refiere como un nivel bajo de fuentes documentales.
“Con todo esto, nosotros hacemos un informe narrativo en el que justificamos y demostramos por qué es necesario hacer la intervención forense del cementerio, y si bien no contamos con todas las fuentes documentales asociadas, sí tenemos un gran número de solicitudes de búsqueda de personas dadas por desaparecidas en el municipio de Copacabana y el Valle de Aburrá”, afirma.
«Muestra anticipada»
Esa falta de fuentes documentales determinó en buena medida que se implementara una metodología diferente de intervención forense: la muestra anticipada.
Zamir Gómez Santander es el líder forense del Grupo Interno de Trabajo Territorial (GITT) de Antioquia y está a cargo del proceso de exhumación en el cementerio de Copacabana. Según él, la estrategia o metodología de muestra anticipada se compone de tres fases. La primera es un examen preliminar de los cuerpos exhumados, tipo necropsia, que se realiza en presencia de un antropólogo, sin la participación de un médico y un odontólogo. La segunda fase consiste en la elaboración de un perfil biológico del individuo estudiado, se determina su rango de edad, su sexo, su talla o estatura, las características individualizantes o particulares y los posibles traumatismos que dan una idea de la temporalidad del cuerpo. La última fase es la toma de muestras óseas o dentales, pueden ser de tipo craneal o poscraneal, especialmente de huesos largos como el fémur.
Las muestras tomadas de los cuerpos exhumados son enviadas a Medicina Legal con una solicitud de procesamiento, que va acompañada de la información que identifica y distingue a cada individuo, para que estos datos ingresen al banco genético del país.
Según Gómez, la muestra anticipada “tiene el beneficio de que puede ayudar a que una familia que esté buscando en algún lugar del país pueda tener alguna respuesta sobre su familiar dado por desaparecido”. En este caso, explica el forense, los cuerpos buscan a las familias.
Hasta la fecha en las intervenciones a los cuatro cementerios del Valle de Aburrá, la UBPD “ha recuperado 80 cuerpos de personas que fueron desaparecidas de Medellín y otros municipios del departamento”, afirmó Gloria María Araque, coordinadora de la entidad en Antioquia, en un comunicado de prensa. Según la UBPD, el plan regional de búsqueda del Valle de Aburrá registra un universo de 1107 personas desaparecidas; en Antioquia, este universo corresponde a 27 442, y en Colombia, a 135 396.
En este momento y hasta el 20 de marzo, mientras se realiza la intervención en el cementerio municipal de Caldas, los profesionales de la UBPD hacen presencia allí, de 8:00 a. m. a 4:00 p.m., para recibir nuevas solicitudes de búsqueda, practicar muestras de ADN y consolidar información que aporte a los procesos de búsqueda de las personas dadas por desaparecidas.
