Durante años, la guerra marcó la manera en que muchos jóvenes de la zona rural de Yarumal entendieron su territorio. Hoy, un proyecto de memoria, comunicación comunitaria y educación ambiental busca cambiar ese imaginario y prevenir el reclutamiento por parte de grupos armados.
Por Fabián Uribe Betancur
Foto de portada: Manuela Echavarría Cuartas
En los corregimientos El Cedro y Cedeño, en Yarumal, la guerra ha condicionado la vida en las veredas y caseríos. Allí, una iniciativa comunitaria busca disputar esa realidad desde otro lugar: fortalecer el vínculo de los jóvenes con su territorio para que puedan imaginar un futuro distinto al que durante décadas ha impuesto el conflicto armado.
Todo comenzó con una pregunta. A comienzos del año pasado, integrantes de la Mesa de Participación de Víctimas y del Enlace de Víctimas y Derechos Humanos de Yarumal reunieron a jóvenes de los corregimientos El Cedro y Cedeño, dos de los territorios más afectados por el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes, y les preguntaron qué había en su comunidad. En lugar de mencionar los cultivos, los bosques o las tradiciones campesinas, hablaron de grupos armados, desplazamientos y violencia.
Las respuestas evidenciaron hasta qué punto el conflicto ha marcado sus vidas. Un amplio número de estos jóvenes han crecido escuchando relatos de la guerra y presenciando enfrentamientos, restricciones impuestas por los grupos armados y el temor permanente de sus familias frente al reclutamiento de menores de edad.
Esa experiencia ha terminado por ocupar un lugar central en la forma en que perciben su territorio, dejando en un segundo plano la riqueza natural, las tradiciones campesinas y las iniciativas comunitarias que también hacen parte de su realidad. “Ese era el imaginario que tenían. Para ellos, el territorio estaba definido por el conflicto armado”, recuerda Ximena Cano, integrante del Enlace de Víctimas del municipio.
Para dar un giro a esa perspectiva, en agosto de 2025 nació Transformando desde las raíces, un proyecto que articula memoria histórica, comunicación comunitaria, arte, educación ambiental y construcción de paz. La iniciativa, impulsada por la Mesa y el Enlace de víctimas y financiada a través del Presupuesto Participativo del municipio, busca fortalecer el arraigo de los jóvenes a su territorio para reducir los factores que favorecen el reclutamiento por parte de grupos armados. “Queremos que los jóvenes reconozcan las oportunidades que existen en su territorio y comprendan que son mejores que las que puede ofrecer un grupo armado”, explica Cano.

La iniciativa reúne a 40 niños, niñas y adolescentes de las instituciones educativas de ambos corregimientos. Mediante actividades enfocadas en la construcción de proyectos de vida y el fortalecimiento de sus capacidades, los participantes exploran las oportunidades que existen en su propio territorio, desde procesos culturales y ambientales hasta iniciativas comunitarias, educativas y productivas. El propósito es que reconozcan que es posible construir un futuro en sus comunidades y que irse a la ciudad o ingresar a un grupo armado no son los únicos caminos.
Construir otro Yarumal desde la ruralidad
Otra de las apuestas del proyecto es la formación en comunicación comunitaria que se realiza en las instituciones educativas de El Cedro y Cedeño. Magdalena Calle, líder social y coordinadora de la Mesa de Participación de Víctimas de Yarumal, explica que a los jóvenes les entregan celulares y cámaras fotográficas para que aprendan a tomar fotos, hacer videos y contar relatos sobre su entorno. “Entre los temas que documentan están la biodiversidad, especialmente las aves presentes en la zona, así como las historias y memorias de sus comunidades”, afirma.
El material audiovisual elaborado por los jóvenes pasará a formar parte del Aula del Nunca Más, un espacio de memoria que el municipio busca fortalecer para incluir tanto a las víctimas originarias de Yarumal como a las personas desplazadas que hoy habitan el territorio.
Además del registro audiovisual, el proceso incorpora actividades como jornadas de siembra de árboles y recorridos de reconocimiento del entorno natural. También incluye espacios de orientación para la construcción de proyectos de vida a corto y largo plazo, así como la conmemoración de fechas dedicadas a la memoria y a las víctimas del conflicto armado. “Queremos realizar un recorrido por el Alto de Ventanas, visitar una reserva natural y desarrollar un taller”, comenta Calle.
Leer más: Las mujeres campesinas y el arte de hacer una paz feminista
También hacen actividades de intercambio de saberes entre jóvenes y personas mayores de las comunidades. En estos espacios, los adultos comparten la historia del territorio, relatan cómo el conflicto armado transformó sus vidas y transmiten conocimientos tradicionales, como la producción de panela. “En estos espacios también les contamos a los jóvenes cómo el conflicto armado ha afectado y sigue afectando a las comunidades. Lo hacemos a través del arte, la pintura, la fotografía y otras expresiones que les permiten reflexionar sobre su historia y su territorio”, relata la líder social Calle.
Transformando desde las raíces ha logrado articularse con otras iniciativas del Norte antioqueño, como el vivero Palma de Cera: Sembrando para Perdonar, liderado por Olga Cecilia Mesa, en el municipio Santa Rosa de Osos. Cada vez que se realiza una actividad con los jóvenes, Olga participa compartiendo su historia de vida y el origen del vivero, una iniciativa con la que transformó el dolor causado por la violencia en un mensaje de amor, reconciliación y perdón. “Luego hacemos un ritual en el que sembramos una palma de cera como un homenaje a las víctimas y como un símbolo de memoria, esperanza y reconciliación”, cuenta.
El reclutamiento sigue siendo una preocupación
A pesar de los esfuerzos de Transformando desde las raíces por mostrarles a los jóvenes otras posibilidades de vida en su territorio, el reclutamiento sigue siendo una preocupación en algunos corregimientos de Yarumal. Según Cano, la vinculación a los grupos armados no siempre ocurre por la fuerza. “El año pasado se registró el reclutamiento de cinco menores de edad. No siempre se trata de casos en los que los obligan a irse. También existen otras formas de reclutamiento. Sabemos que puede ser forzado, mediante engaños o incluso presentarse como una decisión aparentemente voluntaria”, enfatiza.

Según la Defensoría del Pueblo, en Yarumal tienen presencia el autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Estado Mayor de los Bloques y Frentes (EMBF), una de las disidencias de las antiguas FARC-EP. Estos grupos armados mantienen disputas y ejercen control territorial en distintos sectores del municipio.
Saber más: El oro que detona la violencia en Briceño
Esa realidad preocupa también a las familias. Algunas han optado por abandonar las veredas después de percibir que sus hijos empiezan a ser buscados por integrantes de grupos armados. Otras ven cómo las pocas oportunidades educativas y laborales terminan convirtiéndose en un factor de vulnerabilidad. “Los padres nos dicen que cuando sus hijos terminan el colegio tienen que irse porque aquí no encuentran cómo seguir estudiando ni trabajando. Si se quedan, las opciones son muy pocas”, explica Cano.
Ahora los impulsores de la iniciativa buscan ampliar el trabajo hacia otros corregimientos afectados por el conflicto, como Ochalí y El Llano. La apuesta sigue siendo la misma: que los jóvenes reconozcan la memoria de lo ocurrido, valoren las posibilidades de su territorio y encuentren razones para construir allí su futuro, de forma que así puedan prevenir que la historia vuelva a repetirse en esta región donde la guerra marcó durante décadas la vida cotidiana.
