Los firmantes de paz también buscan a los desaparecidos

La Corporación Humanitaria Reencuentros, integrada por firmantes de paz, surgió en el 2016 para buscar a los desaparecidos, apelando a las memorias individuales y colectivas de quienes hicieron parte de las filas de las extintas FARC-EP. 

Por Fabián Uribe Betancur
Foto de portada: Corporación Humanitaria Reencuentros

La organización de la sociedad civil Corporación Humanitaria Reencuentros fue creada después de los Acuerdos de Paz entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) en 2016, con el objetivo de documentar y recopilar información relevante para localizar a personas desaparecidas durante el conflicto armado en el país. Su estrategia de búsqueda se basa en recolectar testimonios de firmantes del acuerdo, comunidades, consultar archivos históricos e investigar en zonas donde estuvo presente la antigua estructura armada. 

Jhon León González, politólogo, firmante de paz y director de Reencuentros, comenta que durante el desarrollo de los Acuerdos de Paz se estableció un proceso inicial de alistamiento para preparar el funcionamiento de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD). “Este proceso incluyó la documentación de información que permitiría a la Unidad recibir las solicitudes e iniciar los procedimientos de búsqueda correspondientes”, recuerda.  

Señala que el equipo que participó en el diseño inicial de la UBPD en 2017 continuó trabajando como una comisión informal, hasta que en 2020 formalizaron su labor con la creación de la Corporación Humanitaria Reencuentros. “Después de muchas trabas legales y una pandemia, se logró su formalización como persona jurídica, adoptando la figura de una organización de tipo corporación”, cuenta el politólogo. 

Reencuentros está integrada por 150 firmantes del Acuerdo de Paz, que vienen trabajando de manera articulada y coordinada con la UBPD en la recopilación y documentación de información para el hallazgo de personas dadas por desaparecidas o posibles puntos de interés forense.  

Según Gloria Emilce Padierna, firmante de paz y coordinadora de la Corporación Humanitaria Reencuentros en Antioquia, el Eje Cafetero y Chocó, en sus inicios la entidad hizo presencia en las zonas veredales transitorias de normalización (ZVTN), y posteriormente, se extendió a los espacios territoriales de capacitación y reincorporación (ETCR). En la actualidad, cuenta con una presencia a nivel nacional. “La corporación está organizada de manera similar a los antiguos bloques de las FARC; esta estructura nos permite recopilar mejor la información en los territorios, tanto de los firmantes como de las comunidades”, explica.  

González complementa que esta ubicación ha facilitado una colaboración más eficiente con la UBPD y ha permitido contribuir con información a los distintos planes regionales de búsqueda que desarrolla la entidad en el país. “Actualmente nos encontramos en el ETCR de Tierra Grata, en una sesión de trabajo con la Unidad de Búsqueda, impulsando el plan regional de búsqueda para La Guajira y el Cesar, territorios que han sido históricamente afectados por el conflicto armado y que registran una cifra significativa de personas desaparecidas”. La UBPD reporta un universo provisional de 1094 personas dadas desaparecidas en La Guajira y 4042 en el Cesar.

Según datos de la Corporación Humanitaria Reencuentros, hasta la fecha, se han documentado 1064 casos de excombatientes de las FARC-EP desaparecidos, 698 civiles y excombatientes de otros grupos dados por desaparecidos, 72 posibles lugares de localización a campo abierto y 49 posibles lugares de localización en cementerios.  

González cuenta que los firmantes han documentado y entregado cerca de 1200 formularios a la UBPD con información que permita eventualmente establecer el paradero de las personas dadas por desaparecidas. “Contienen datos sobre combatientes, civiles, miembros de la Fuerza Pública y lugares donde fueron dispuestos cuerpos en el contexto del conflicto armado. Esta información se ha integrado en el desarrollo de distintos macrocasos adelantados por la JEP, aunque no exista uno de manera formal y exclusivamente para la desaparición forzada. Esta información aporta a su comprensión e investigación”, afirma el politólogo. 

La información recopilada por la corporación también se emplea en la construcción de los universos de víctimas en los casos que son investigados por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), y en los que comparecen los antiguos integrantes de las extintas FARC-EP.  

Los integrantes de la corporación también realizan labores de prospección en lugares donde posiblemente se puedan encontrar estructuras óseas, así como acciones orientadas al acompañamiento de las familias durante las entregas dignas. Además, apoyan las labores de excavación en sitios de interés identificados por la UBPD y participan en la ejecución de trabajos, obras y actividades con contenido reparador y restaurador (TOAR), impuestos por la JEP.  

Hasta la fecha la JEP no ha atribuido responsabilidad ni impuesto sanciones a los firmantes de paz que integran la corporación: “Venimos adelantando acciones restaurativas de carácter anticipado, las cuales se coordinan con la UBPD”, afirma el coordinador de la Corporación Humanitaria Reencuentros.  

Desde el 2023 implementan un TOAR en el Cementerio Católico Central de Palmira, que es un proyecto piloto liderado por la corporación, que contempla la construcción de 900 osarios para la disposición de estructuras óseas de personas dadas por desaparecidas en esta región del Valle del Cauca. “Nosotros hicimos la invitación a los comparecientes de la Fuerza Pública para que participaran de este TOAR, y se ha trabajado de la mano con las organizaciones de víctimas y con las mujeres buscadoras”, menciona González.     

En esta iniciativa de reparación participan 43 comparecientes de las extintas FARC-EP y de la Fuerza Pública, que hacen parte de diversos casos investigados por la JEP: el Caso 03 que investiga los “Asesinatos y desapariciones forzadas presentados como bajas en combate por agentes del Estado”: y el 05 que “Prioriza situación territorial en la región del norte del Cauca y el sur del Valle del Cauca”. 

Cuatro firmantes de paz recorren zonas rurales buscando desaparecidos.
En Caquetá, a inicios de este año, la Corporación Humanitaria Reencuentros y la UBPD georreferenciaron posibles puntos de inhumación. Foto: Corporación Humanitaria Reencuentros

Padierna señala que los firmantes del Acuerdo de Paz que pertenecieron a los frentes y bloques de las antiguas FARC-EP se reúnen periódicamente para recopilar información sobre las personas reportadas como desaparecidas. “Nosotros realizamos encuentros con los antiguos frentes para recopilar información sobre quiénes han muerto: dónde murieron, qué les ocurrió, si fueron enterrados por sus propios compañeros, si se los llevó el ejército, y hacia qué lugar, aproximadamente, fueron inhumados”. 

También explica que, durante los encuentros colectivos, han sido de utilidad unos formatos de registro de la UBPD. En estos se recopilan datos básicos sobre la persona desaparecida —como la fotografía, características físicas, nombre y lugar de desaparición—, información que es diligenciada por los familiares o recolectada a través de investigaciones. “Entonces, nosotros también comenzamos a hacer un rastreo y a reconstruir la memoria entre todos, porque así es mejor: la gente va recordando, y lo que no recuerda uno, lo recuerda otro. Así se va armando todo”, afirma la coordinadora regional de Reencuntros en Antioquia, el Eje Cafetero y Chocó. 

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Además, trabajan con los familiares de las víctimas, apelando a sus memorias para reconstruir detalles como la fecha en que la persona fue reclutada, ingresó a una estructura guerrillera o fue desaparecida. “Hay veces que las familias tampoco recuerdan con exactitud detalles como el seudónimo que usaban, a qué frente ingresaron o a qué estructura pertenecían, porque no siempre se trataba solo de las FARC; en algunos casos, también ingresaban a otros grupos armados como el ELN. Entonces, la familia no siempre tiene mucha claridad sobre esa información”, explica Padierna. 

Los integrantes de la corporación también han implementado técnicas como la construcción de líneas de tiempo, en la que se detallan temporalidades y hechos violentos que se produjeron en determinados momentos.  

Los archivos de registro de los antiguos frentes y bloques, cuando los hay, se usan para ubicar a las personas que fueron reclutadas o ingresaron a la antigua organización armada. “La idea es poder revisar la base de datos, porque allí aparece su nombre, de qué región era, en qué año ingresó y cómo se llamaba dentro de la organización. Sin embargo, algunos frentes perdieron esas bases de datos, durante los operativos de la fuerza pública o en el proceso de reincorporación, lo que ha hecho más difícil el proceso”, relata la firmante de paz. 

De acuerdo con Padierna, cuando los integrantes de las extintas FARC-EP fallecían en combates con los diversos grupos armados, hacían lo posible por entregar los cuerpos a los familiares. Sin embargo, a veces las dinámicas de violencia y otros factores impedían esta entrega, por lo que los cuerpos eran inhumados en las zonas donde operaba cada grupo. “Hoy, con el paso del tiempo, es difícil volver a esos sitios. La gente se desubica fácilmente porque el tiempo y la naturaleza lo cambian todo. Si antes estaban cerca de una quebrada, puede que ahora ya no corra agua por ahí”, menciona. 

Por su parte, el coordinador nacional de Reencuentros explica que la violencia en diferentes territorios del país ha impedido que la corporación adelante sus acciones humanitarias y de búsqueda. “La imposibilidad de acceder a ciertas zonas, hoy dominadas por distintos actores armados, se suma a la falta de implementación integral del Acuerdo de Paz. En estas regiones apartadas y olvidadas, persisten el abandono estatal, las fallas de infraestructura y muchos de los problemas que dieron origen al conflicto armado”, afirma.  

También señala que los firmantes enfrentan dificultades para acceder a garantías de seguridad, lo que se refleja en hechos como el asesinato de excombatientes y la persecución contra sus familias. “Esto provoca una profunda desconfianza hacia las instituciones, porque ya van varios compañeros asesinados. Además de arrebatarles la vida, sus sueños y aspiraciones, también se pierde una parte valiosa de la memoria colectiva que habría podido contribuir al ejercicio de búsqueda que se adelanta”. 

Según datos del Instituto para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), desde 2017 hasta la fecha han sido asesinados 467 firmantes del Acuerdo de Paz. En lo que va del 2025, se han registrado 29 casos. González dice que tres de ellos pertenecían a la Corporación Humanitaria Reencuentros y otros cinco fueron desplazados por la violencia y las amenazas.  

El politólogo indica que la corporación ha enfrentado algunas dificultades relacionadas con aspectos logísticos y limitaciones de recursos económicos, lo que ha afectado el desarrollo de sus actividades humanitarias, administrativas y operativas. “No contamos con financiación del Estado para llevar a cabo este tipo de acciones, sino con pequeños apoyos que, eventualmente, provienen de la comunidad internacional”, comenta González.   

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Al respecto, subraya la importancia de que el Ministerio de Defensa y la Fuerza Pública aporten información que contribuya a la búsqueda de personas desaparecidas. En particular, destaca la necesidad de conocer el destino de los cuerpos de los exintegrantes de las FARC-EP y de acceder a archivos incautados durante operativos militares, donde podría haber datos sobre quiénes fueron reclutados e ingresaron a la antigua organización armada. Según González, “se tiene conocimiento de que muchos fueron inhumados en fosas comunes, sin ningún tipo de procedimiento adecuado, y registrados como cuerpos no identificados”.   

Finalmente, el coordinador de la Corporación Humanitaria Reencuentros hace un llamado a las instituciones del Estado a que garanticen la búsqueda de las personas dadas por desaparecidas en el país. “El Estado tiene la obligación de buscar a todas las personas desaparecidas en el marco del conflicto, incluyendo a quienes hicieron parte de las hostilidades”.  

Y es enfático en afirmar que, así como esta búsqueda ha sido uno de los mayores retos que han enfrentado como firmantes de paz, “es también uno de los esfuerzos que más esperanza ha traído a muchas familias, quienes, después de mucho tiempo, pueden tener noticias de sus seres queridos y cerrar ese duelo inconcluso que deja la desaparición forzada”, concluye González.