“La bomba en Granada no se puede reivindicar como un acto revolucionario”: Juan Prometeo

“La bomba en Granada no se puede reivindicar como un acto revolucionario”: Juan Prometeo

En entrevista con Hacemos Memoria, Juan Pablo Patiño –Juan Prometeo– dice que “la guerra es una fábrica de dolor y de víctimas”. Él reconoce que los principios revolucionarios no justifican algunas de las acciones que victimizaron al municipio de Granada y por eso, el 23 de septiembre, junto a Pastor Alape y otros delegados del ahora partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, le pidieron perdón a esta población del Oriente antioqueño; especialmente, por la destrucción del pueblo con 400 kilos de dinamita el 6 diciembre del año 2000 .

Por equipo Hacemos Memoria

En el municipio de Granada, se llevó a cabo el cuarto acto de perdón que ha ofrecido las Farc bajo el manto del Acuerdo de La Habana. En su orden, las víctimas de Bojayá, los habitantes del barrio La Chinita de Apartadó, los familiares de los once diputados del Valle secuestrados y luego asesinados en cautiverio, y ahora los granadinos son las comunidades que la extinta guerrilla ha enfrentado en un acto de perdón y reconocimiento de las responsabilidades que durante la guerra causaron daños y, sobre todo, mucho dolor.

En esta ocasión, las víctimas no se encontraron cara a cara con los comandantes de los frentes 9 y 47 de las Farc que hicieron presencia en Granada, ni con los responsables directos de los hechos que victimizaron a su gente. Hay que recordar que esta guerrilla casi desapareció del territorio granadino con la arremetida paramilitar y las operaciones Meteoro y Marcial de las Fuerzas Armadas durante la política de Seguridad Democrática liderada por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez.

Los habitantes de Granada no se encontraron con Jesús Mario Arenas Rojas, alias Marcos Urbano, comandante del Frente 9 de las Farc. Tampoco lo hicieron con Karina, quien estuvo a la cabeza del Frente 47. El primero se encuentra recluido en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación ubicado en el municipio de Mesetas, Meta, y en custodia del INPEC, mientras la segunda, Elda Neyis Mosquera, alias Karina, desertó de la organización al entregarse en el 2007 tras un bombardeo de la Fuerza Aérea en el corregimiento Río Verde de los Montes del municipio de Sonsón, Antioquia.

Pero los granadinos sí tuvieron ante sus ojos a Félix Antonio Muñoz Lascarro, Pastor Alape. A su lado estuvo Juan Pablo Patiño, uno de los mandos medios y cuyo nombre de guerra fue Juan Prometeo. Él cumplía labores de organización de masa y educación popular en el bloque Efraín Guzmán, que operaba en el noroccidente del país: departamentos de Chocó, Risaralda, Antioquia y Córdoba.

Hacemos Memoria conversó con Juan Prometeo sobre el significado que tiene para ellos el perdón que ofrecieron en Granada el pasado 23 de septiembre.

prometeo
El perdón puede ser entendido como una forma de reparación y de sanación espiritual para las víctimas. El Acuerdo de Paz también lo propone para este fin, ¿qué significa para las Farc un acto de perdón?
Partimos de que es una reparación simbólica porque por el hecho de pedir perdón el actor reconoce que cometió un error. La guerra es una fábrica de dolor y de víctimas. Nosotros en medio de la guerra cometimos muchos errores, y decimos errores porque no era una política planificada, no fue nuestra razón de ser generar esa afectación a la población civil que no era un objetivo militar.

El reconocimiento de los errores que cometimos es la aceptación de que hubo demasiadas cagadas, y eso tiene implicaciones en lo colectivo y en lo individual. La persona que ofrece perdón hace un acto de sanación, porque no se puede negar que ese tipo de hechos quedan en la conciencia del individuo, se vive con el pecado encima. Al ofrecer perdón, dan un paso adelante porque ya su relación con la víctima no es necesariamente entre el que hizo el daño y la persona dañada.

En el colectivo, cuando hacemos esto aquí en Granada y también en otras partes, se nos abre un espacio de relacionamiento con las comunidades que precisamente por esos hechos victimizantes tomaron distancia de las Farc, y cuando eso ocurre es un problema para el objetivo de la organización, que en últimas es ser cercano a la gente.

¿Aceptan que cometieron errores en contra de sus principios revolucionarios?, ¿por eso piden perdón?
Sí, se pide perdón porque se comete un error. Nosotros no podemos negar que hubo acciones desproporcionadas, en el caso de la bomba acá en Granada, donde estaba ubicada una base paramilitar, la acción tenía que hacerse porque sino los paramilitares iban a seguir aquí instalados, pero quienes ponen esa bomba no dimensionaron las consecuencias ni se preguntaron, por ejemplo, asuntos tan básicos como ¿cuánto explosivo poner?, ¿en dónde?, ¿qué afectación tendría eso?, ¿quiénes estaban en ese radio? Tener en cuenta a la población civil, eso no se pensó y si se hizo, no importó, es un gran error, eso no se puede reivindicar como un acto revolucionario, por más que haya sido contra los paramilitares, a los que sí afectó, pero afectó más a la población civil. La guerra genera eso, desborda, se vuelve una vaina incontrolable.

Además de este hecho, ¿por qué más vienen las Farc a pedir perdón?
Fundamentalmente por eso, por la bomba del 6 de diciembre de 2002 que es un hito, no todos los actos son iguales. Aquí en Granada hubo otro tipo de victimizaciones, por la bomba claramente pedimos perdón, pero si miramos caso por caso encontramos otras cuestiones: por ejemplo, las acciones que se dieron en el marco del conflicto armado y que tienen que ver con el tema de la llamada sociedad civil. La guerra se no solamente se libra con militares, la guerra también se libra en medio de la sociedad civil que se involucra en el conflicto de diversos modos, y cuando hablamos del ajusticiamiento de alguien que pudo ser llamado civil pero que aportó información a los servicios de inteligencia, está claro que ya no era civil, es más, ni siquiera era persona protegida porque un informante no lo es.

Tanto el Oriente antioqueño como Urabá son para Antioquia un laboratorio de lo que fue la guerra. Es la primera vez que vienen al Oriente a un acto de reconciliación, ¿qué más hay en su mensaje de perdón para este territorio?
Por el solo hecho de la confrontación en el territorio se generaron muchas víctimas, confrontación entre nosotros, el Estado y sus aparatos ilegales paramilitares, eso por sí solo creó un ambiente de zozobra, de miedo, de dolor, de terror y de guerra que victimizó bastante. Por ejemplo en Nariño, en San Carlos, las tomas fueron desproporcionadas, se salieron de control, mucha gente nos lo cuestionó: “¿Por qué se tomaron Nariño si las Farc tenían control militar, político y había milicias allí?”. Claro que todas esas acciones victimizan.

¿Ustedes entienden el perdón como una forma de subsanar la pena o el castigo?
No, lo entendemos como un acto de reparar lo que se hirió, lo que se dañó y que no debió haber pasado. La guerra pasó y uno no podría decir que no debió haber pasado, eso no tiene sentido, pero uno sí puede asegurar que esa bomba que se puso acá en Granada nunca debió ponerse.

Entonces, ¿no es una forma de remplazar ninguna pena?
No, eso suma porque está incluido dentro de las acciones de reparación, que sirven para quienes vayan a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), pero como decía, no es algo meramente instrumental, nosotros no nos confiamos, es decir, por más que reparemos, el Estado seguirá siendo enemigo y buscará destruirnos, inclusive, con la misma JEP, eso es política y está pasando.

Anteriormente usted mencionaba que este territorio, Granada y el Oriente antioqueño en general, no fue solamente victimizado por las Farc, hubo otros actores. ¿Qué sentir tienen ustedes con respecto a ese primer paso que están dando y a la necesidad de que esos otros actores también pidan perdón?
Nosotros hacemos un acto unilateral de reparación, sin esperar que otros se paren y reconozcan sus responsabilidades, porque aceptamos que cometimos errores, que hubo desmanes, que eso no debió haber pasado y que es necesario resarcir esos daños, independientemente de si el Estado reconoce o no sus culpas. Pero el Oriente antioqueño, matemáticamente medido, es víctima fundamentalmente del Estado y de la estrategia paramilitar. Precisamente el responsable de la degradación de la guerra fue el Estado, así de sencillo. Yo estoy seguro de eso, porque hablé con quienes pusieron el bombazo y les pregunté si sabían que en el lugar había civiles y me respondieron que sí, pero que tenían que sacar a los paramilitares de Granada; fue un acto de venganza para demostrar poder, que tuvo una dimensión brutal. Ellos lo reivindican por la presencia de los paramilitares, y quién metió a los paramilitares, el Estado, entonces que también responda. ¿Cómo es que la Policía permitió que una base paramilitar se instalara en toda la variante de un pueblo? ¿Si el Estado no le proporciona la seguridad a su población, entonces quién? Las Farc. Si el Estado no hace nada, las Farc sí lo hace. Si se analiza la dinámica de la guerra en el Oriente, los paras hicieron varias ofensivas y no pudieron hacer más por las respuestas de las Farc y el ELN, pero luego regresaron con una táctica peor. Nuestras cagadas están en el marco de la respuesta a esas acciones, y para nosotros eso atenúa, pero no negamos nuestra responsabilidad.

Les preguntábamos a las víctimas de otros casos donde las Farc también han pedido perdón qué ha ocurrido después de esa solicitud. Ahora, ¿qué ha pasado con ustedes después de esas experiencias?
Nos quitamos un peso de encima porque esas acciones fueron utilizados para mostrarnos como unos monstruos, como inhumanos, y al reconocerlas, al asumirlas, nos muestran de otra manera, sobre todo con las víctimas, por el hecho de ser capaces de dar la cara y de decir “pasó esto y lo reconocemos”. Toda victimización es diferente, pero al asumir que lo hicimos, que fuimos nosotros, al contar la verdad, a la víctima le sirve mucho eso, porque se despejan todas esas dudas, todas esas inquietudes que tenía de por qué ocurrió y cómo ocurrió. Ese gesto los libera a ellos y a nosotros también, nos quita esa carga tan grande. Decir por ejemplo “mataste a 11 diputados que te llevaste, en el contexto que fuera, pero no volvieron vivos”, claro, esa acción parte de la responsabilidad nuestra, por más que digamos “el Estado y todo lo demás”, es nuestra y la reconocemos, y ha sido un caballito de batalla para jodernos, pero al asumirlo se les acaba el discurso a nuestros enemigos, a esa gente que quiere mostrarnos como el terror, y los terroristas, entonces, por qué asumen, por qué cuentan la verdad, los otros actores no lo han hecho igual.

¿Qué esperan después de este acto en Granada?
Inicialmente, el perdón de las víctimas, y repito, no es un asunto meramente instrumental, esperamos su perdón y generar una relación con ellos, no de exclusión, no de rechazo, sino que nos permitan entrar a esa reparación que se viene, porque esto más que un acto es un proceso. No queremos un único evento donde lleguemos y luego nos vayamos, sabemos que hay unas víctimas y que necesitamos repararlas en lo simbólico, en lo material, en lo económico, este acto es el inicio del proceso, teniendo claro que ya no depende solo de nosotros, nosotros entregamos el inventario de nuestros bienes para la reparación y lo pusimos a disposición del Estado para que lo maneje. Pero nuestra reparación trasciende lo económico y tiene un énfasis colectivo, más que darle plata a una persona queremos actos de reparación para las comunidades; por ejemplo, si toda una vereda fue afectada, por qué no construir un acueducto, mejorar la escuela, así lo entendemos nosotros.

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