Éramos jóvenes y teníamos sueños

Éramos jóvenes y teníamos sueños

Francisco Gaviria era estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Antioquia. Tenía 32 años, militaba en el Partido Comunista y trabajaba en las oficinas de la Cooperativa de Trabajadores de Simesa cuando fue retenido por ocho hombres armados y vestidos con prendas militares, el 10 de diciembre de 1987. Tras su desaparición fue encontrado muerto al día siguiente, dentro de un costal en la Loma del Esmeraldal, en Envigado. A treinta años de su asesinato, sus familiares y amigos invitan a participar en el conversatorio y acto simbólico que se realizará el 5 de diciembre.

Por Karen Parrado*

Diez años después de haberse despedido en Caracas, a su regreso de una temporada en la República Democrática Alemana, Pablo se encontró con la muerte sobre un escritorio, en una noticia del semanario Voz. Francisco Eladio Gaviria Jaramillo, su compañero de viaje y amigo de juventud, había sido desaparecido y luego encontrado muerto. Eran los últimos días de diciembre de 1987, el año que vio morir a quince miembros más de la comunidad universitaria en una persecución sistemática contra el pensamiento diferente y la izquierda en Colombia.

“Francisco muere en el año 87, después de ser desaparecido. En esa época el Partido Comunista formaba parte de la Unión Patriótica (UP), que había nacido tres años atrás, y contra nosotros se había desencadenado, en ese momento, una oleada de terror y violencia muy grande”. Francisco ‘’Pacho’ Gaviria se conoció con Pablo Escobar Polanía en 1976, dos días antes de su viaje a la Escuela Superior de la Juventud Wilhelm Pieck, una beca de diez meses con la que estudiaron las tres partes integrantes del marxismo y en la que conocieron un poco la historia del movimiento obrero alemán. Rondaban los veinte años de edad y soñaban aportar a la transformación de su país desde su militancia en la Juventud Comunista.

El 10 de diciembre de 1987, Pacho tenía 32 años y trabajaba en las oficinas de la Cooperativa de Trabajadores de Simesa, en el centro de Medellín, cuando fue retenido por ocho hombres fuertemente armados y vestidos con prendas militares. Desapareció esa mañana de diciembre del 87 y fue encontrado muerto al día siguiente dentro de un costal en la Loma del Esmeraldal, en Envigado.

El periódico El Mundo, del 12 de diciembre, relató los acontecimientos que clausuraron esas horas de zozobra:

“El cadáver de Francisco yacía en una mesa y su visión hería la vista. Estaba cruelmente torturado por quienes lo sacaron a la fuerza de la sede de la Cooperativa de Simesa. Tenía huellas de tortura en los dedos de los pies y de las manos, las laceraciones que en el cuerpo dejó el castigo con alambre de púa, quemaduras alrededor del sitio de la cara donde siempre llevó lentes, fracturas en los brazos y en otras partes, y un tiro en la cabeza”.

“No creíamos que nos fuera a pasar, porque éramos jóvenes y uno esa posibilidad la ve muy lejos. Pero también era lo que nos jugábamos: nos jugábamos hasta la vida y ese fue un precio muy alto”, relata Josefa Serna, esposa y compañera de militancia de Francisco durante su época universitaria. En 1987, él estudiaba Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Antioquia y ya era un carismático líder universitario y se perfilaba como dirigente del Partido Comunista.

La muerte, que arrebató a Pacho de las aulas de la Universidad de Antioquia, lo trajo de nuevo a ella en sus muros cuando Alejandra Gaviria Serna, una de sus hijas; Josefina y otros de sus familiares y amigos, conmemoraron en 2007 su muerte y las de esos otros quince compañeros que fueron asesinados en ese 1987. De dicho homenaje hoy son testigos los murales en los bloques 12 y 17, en los que la frase Recordar es volver a pasar por el corazón vuelve a traer al presente a ese hombre de sueños y convicciones que hizo parte de sus vidas y de la historia de la Universidad.

Francisco Gaviría 20

Cuatro meses después, en abril de 2008, ‘Pacho’ recibió el grado posmortem de Comunicador Social y Periodista en “uno de los actos simbólicos más importantes en el tema de devolverle la dignidad y los sueños a Francisco Gaviria”.

De todo el caminar de Pacho Gaviria quedan las huellas de memoria de su espíritu apasionado, apagado antes de tiempo, y las de una vida enamorada, como esas de las que habla el comunicado que los estudiantes de Comunicación Social publicaron tras su desaparición en 1987: “Enamorados de la vida y resentidos con la muerte: a la vida por fin daremos todo, a la muerte jamás daremos nada”.

Pacho Gaviria: Jornada por la Memoria a 30 años de su asesinato

 

PACHO-GAVIRIA

*Este artículo, que fue publicado en la edición número 82 del periódico De la Urbe, hace parte de un especial periodístico, compuesto por 15 relatos de hechos de violencia y resistencia que marcaron la historia del conflicto en la Universidad de Antioquia. Fue el resultado de un proceso de asesoría coordinado por Hacemos Memoria, en el que participaron los directores y monitores del Sistema Informativo De la Urbe. 

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