Tinta para contar el fin de la guerra

Tinta para contar el fin de la guerra

El 24 de agosto de 2016 el Gobierno Nacional y las Farc firmaron un acuerdo que pone fin a un conflicto armado de más de 50 años. Las noticias publicadas el día siguiente, en los principales periódicos del país, serán los insumos para construir la historia de la paz en Colombia. En esta crónica, Hacemos Memoria le cuenta cómo se vivió en algunas salas de redacción este acontecimiento.

Por Elizabeth Otálvaro Vélez y Juan Camilo Castañeda Arboleda

Frente a uno de los televisores de la sala de redacción de El Espectador, Jorge Cardona vio como la delegación del Gobierno y de la guerrilla de las Farc firmaron el comunicado conjunto que puso fin a los diálogos de la Habana. A pesar de que dice conocer el natural escepticismo que llega con el tiempo, no puede evitar sentir la misma esperanza que hace 32 años, cuando fue Belisario Betancur quien inauguró los diálogos como estrategia para ponerle fin al conflicto armado.

En 1986, el hoy editor general de uno de los periódicos más importantes del país, era un reportero radial que informó a sus oyentes sobre el primer esfuerzo de diálogo con las Farc. “Fui de los que pintó palomas en las paredes, el símbolo que acompañó el proceso de Belisario”, así lo recuerda el periodista que en adelante sentiría la misma ilusión cada que el presidente de turno, a partir de Betancur y hasta Uribe, anunciaban un nuevo intento de negociación.

Ahora con Santos, desde la noche anterior al anuncio del 24 de agosto, Jorge Cardona y su equipo de periodistas conocían que la repetida frase del presidente “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, finalmente se transformaría en un sencillo –y a la vez complejo– “todo está acordado”. Eso hizo que ocurriera lo inusual en la redacción: la noticia se dio la licencia de ser trabajada sin afanes. Así, en El Espectador, Gloria Castrillón tuvo el tiempo preciso para redactar un perfil cruzado de Humberto de la Calle y de Iván Márquez, mientras que Alfredo Molano Jimeno escribió un panorama general de los cuatro años de conversación.

Los periodistas de El Espectador se vistieron de blanco. El consejo de redacción quedó grabado. Catorce páginas para política y mucha ansiedad. A las seis de la tarde comenzó el acto en el que los representantes de Cuba y Noruega, como países garantes, leyeron el comunicado conjunto, fue la antesala a los discursos del delegado del Gobierno, Humberto de la Calle, y del de la guerrilla de las Farc, Iván Márquez. Los ojos expectantes en el televisor y atentos a los discursos; todos tomando nota para afinar los detalles en la edición Bogotá que tenía la posibilidad de ser modificada, lo que no ocurriría con la versión nacional, pues esta cerró una hora antes de que se anunciara el fin de un pacto que ha sido protagónico en la agenda desde el 2012.

En El Tiempo el aire no era distinto. El día comenzó para José Antonio Sánchez, editor del portal web del tradicional medio, y otros editores y periodistas, con un desayuno en compañía de funcionarios de la ONU y algunos embajadores; se encontraban reunidos para hablar de la construcción de paz en Colombia, coincidencia que aumentaba la ansiedad. Marisol Gómez, editora de paz, les decía que probablemente habría que esperar a la mañana siguiente para el anuncio. Pero al final de la tarde la esperanza llegó.

“La redacción se paralizó totalmente. Hace 8 días pasó lo de Mariana Pajón, y fue muy emocionante, ayer también fue como si hubiera ocurrido otro triunfo, pero mucho más grande, mucho más esperado”, así lo relata Sánchez, a quien, al día siguiente, se le percibe en su voz la sensación de victoria que dejó la noche del 24 de agosto, la noche en la que se firmó el fin de la confrontación armada entre Gobierno y Farc.

La Opinión, diario cucuteño, no escapó de tal éxtasis; John Jairo Jácome, editor judicial, así lo relata: “Estaba en el periódico, seguí minuto a minuto la transmisión y lloré viendo eso, pero de emoción, de la alegría”.

Así como Jácome, Cardona y Sánchez, Olimpo Restrepo, editor nocturno del diario antioqueño El Colombiano, ha informado los sucesos más cruentos de la guerra, incluso, sus inicios como reportero coincidieron con los años más álgidos del narcotráfico. Así pues, con la mesura del que conoce los vaivenes del conflicto en Colombia, Restrepo deja de lado las emociones cuando se refiere al momento en que escuchó la lectura del comunicado, dice, “muchas veces uno como periodista se guarda la emoción para otro momento, porque en el instante preciso en el que sucede el hecho uno tiene que estar atento a la información, entonces, uno como que separa una cosa de la otra”.

El tiempo para las lágrimas y los aplausos en una sala de redacción, ante una información de tal magnitud, es efímero. Los periodistas y editores, aunque ya habían escrito la crónica del hecho anunciado, debían cerrar la edición del periódico. Maria Paula Rubiano, periodista de El Espectador, frente a la pantalla de su computador sabía de la responsabilidad de escribir sobre los sucesos que se anunciaban en La Habana. “Es un momento de la historia en mayúscula, lo vivo en un periódico que en el futuro será consultado para conocer la historia del país, del proceso de paz”, dice.

Jorge Cardona, quien ejerce el periodismo desde hace 33 años, observó cómo el ambiente emotivo de la redacción de El Espectador pasó a ser crítico y reflexivo. Él, por ejemplo, recuerda las elecciones de 1986 en el que la Unión Patriótica (UP) -partido político creado en 1985- obtuvo 5 senadores, 9 representantes a la cámara. “Apenas 40 días después de que ese primer grupo de elegidos de la UP tomó posesión, empezaron a asesinarlos: al representante Leonardo Posada lo asesinaron el 30 de agosto y al senador Pedro Nel Jiménez dos días después”, comenta.

La firma del acuerdo de paz que convierte a las Farc en un actor político sin armas también plantea un escenario distinto para los medios. José Antonio Sánchez se plantea que: “así como existe la historia completa de la declaración del presidente, que exista la historia completa de la declaración de Iván Márquez”.

Olimpo Restrepo, por su parte, considera que los desmovilizados de las Farc se convertirán en una fuente necesaria para diversos temas: “Seguramente, algunos integrantes de las Farc van a llegar al congreso y gradualmente su condición se irá normalizando como ha pasado con los desmovilizando de otros grupos armados, por ejemplo, los medios no se refieren a Navarro Wolf como el exguerrillero sino como el congresista o exgobernador” augura el periodista antioqueño.

John Jairo Jácome cree que una responsabilidad que le impone el fin del conflicto será escribir historias que muestren la implementación del acuerdo en Norte de Santander. “En la ciudad los efectos no serán inmediatos, yo lo pienso más es como en la hora de tener que ir a hacer reportería al departamento, por ejemplo, al Catatumbo, sentir que las condiciones de vida sí pueden mejorar en lo inmediato”, asegura Jácome.

El periódico El Tiempo quiso transmitir en su portada el espíritu optimista del acuerdo: “Hoy podemos decir que se acabó la guerra”, fue el titular en su portada. “Sentimos descanso pero sabemos que después de eso la tarea que se nos viene es muy grande” dice Sánchez. Su jornada laboral de ese miércoles 24 de agosto duró 14 horas, cuando salía del edificio de El Tiempo nel portero le dijo: “Ahora tenemos que desarmarnos nosotros, tenemos que desarmar los corazones y tenemos que firmar la paz en nuestras casas”.

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